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jueves, 22 de enero de 2026

Las Actas de Cabildo como Fuente para la Investigación Genealógica: El Caso de la Paternidad de Ramón Ramírez de Arellano (San Germán, 1814)

Por César A. Zapata Lozada

Cuando los documentos administrativos revelan secretos familiares

Como genealogistas, desarrollamos ciertos hábitos de investigación. Buscamos partidas de bautismo, registros matrimoniales, testamentos y censos. Raramente pensamos en consultar otros documentos, como las actas de cabildo, para resolver enigmas familiares. Sin embargo, a veces la respuesta a nuestras preguntas genealógicas se encuentra en lugares menos esperados.

Este es el relato de cómo un decreto de las Cortes de Cádiz de 1813 y una declaración administrativa de 1814 resolvieron un misterio que los registros parroquiales tradicionales no pudieron resolver: la identidad de los padres de Don Ramón Ramírez de Arellano.

El enigma de Don Ramón

Don Ramón Ramírez de Arellano fue una figura prominente en San Germán durante las primeras décadas del siglo XIX. Nació aproximadamente en 1760. Participó activamente en el cabildo municipal, se casó dos veces con miembros de la poderosa familia Quiñones de San Germán, y sus hijos establecieron importantes alianzas matrimoniales en la región. Sin embargo, su origen presentaba un misterio frustrante.

Firma de Don Ramón Ramírez de Arellano
Firma de Don Ramón Ramírez de Arellano

Don Ramón estaba casado en primeras nupcias con Doña Rosa de Quiñones y en segundas nupcias con Doña Apolonia de Quiñones, viuda de Don Roque Crespo.

Su acta matrimonial de 1829 con Doña Apolonia de Quiñones revelaba un dato crucial: Don Ramón era natural de Mayagüez. Pero los registros parroquiales de Mayagüez no contenían su partida bautismal, y las búsquedas en Mayagüez no habían dado resultados concluyentes. ¿Quiénes eran sus padres? ¿Cómo se insertaba en el extenso árbol genealógico de los Ramírez de Arellano de Puerto Rico?

Un decreto cambia las reglas del juego

El primero de marzo de 1813, las Cortes de Cádiz emitieron un decreto que cambiaría la forma en que se organizaban los ayuntamientos. El gobernador y capitán general de Puerto Rico distribuyó el decreto a todos los ayuntamientos de la isla, exigiendo su "debido y puntual cumplimiento". Esto significaba que los miembros del cabildo debían declarar sus parentescos. Algunos parentescos entre los miembros del cabildo estaban prohibidos. En San Germán, esto significó que en su sesión del 28 de marzo de 1814, todos los miembros del cabildo debían declarar formalmente sus parentescos con los demás capitulares.

La sesión extraordinaria del 28 de marzo de 1814

Imagínese la escena: la sala capitular de San Germán, ese día de marzo. El alcalde primero, Don Felipe de Quiñones, preside. Los regidores y síndicos procuradores están presentes: Manuel Esteban de Rivera, Manuel del Toro, José Pabón Dávila, José Ramírez de Arellano, Silverio de Lugo, Ramón Ramírez de Arellano, Miguel Nazario, Juan Manuel Vélez Borrero, Domingo del Postigo, y los síndicos procuradores José Miguel Vélez Borrero y Domingo Ramírez de Arellano.

Acta Cabildo marzo 1814
Acta de cabildo de sesión extraordinaria del 28 de marzo de 1814

Uno por uno, cada miembro del cabildo declara sus parentescos con los demás. No se trata de declaraciones casuales o informales. Estas son afirmaciones legales, hechas ante escribano, que formarían parte del registro oficial del municipio. La precisión era esencial: errores o falsedades podrían resultar en la invalidación de su participación en el cabildo.

La clave: una simple declaración de parentesco

Entre las numerosas declaraciones de ese día, una sobresale por su simplicidad y su poder revelador:

Don José Pabón Dávila declara ser sobrino carnal de Don Ramón Ramírez de Arellano.

Declaración de sobrino carnal de Don Ramón Ramírez de Arellano

Esta frase, aparentemente simple, contiene la respuesta al enigma genealógico.

Desentrañando la lógica

En la terminología genealógica de la época, "tío carnal" y "sobrino carnal" tienen un significado preciso e inequívoco: se refiere a la relación entre un hermano del padre o de la madre y el hijo de ese hermano. No hay ambigüedad, no hay interpretación alternativa.

Si Ramón Ramírez de Arellano es tío carnal de José Pabón Dávila, entonces Ramón debe ser hermano del padre o de la madre de José.

La siguiente pregunta lógica es: ¿Quiénes eran los padres de José Pabón Dávila?

El acta matrimonial de 1759: la pieza que faltaba

La búsqueda en los registros parroquiales de San Germán revela el acta matrimonial de los padres de José:

7 de mayo de 1759: Don José Rogelio Pabón Dávila contrajo matrimonio con Doña María del Carmen Ramírez de Arellano.

El acta claramente dice que Doña María del Carmen era hija de Don Francisco Ramírez de Arellano y Doña María de Rivera.

La conclusión inevitable

La lógica es evidente:

  1. Ramón Ramírez de Arellano es tío carnal de José Pabón Dávila (Acta de Cabildo, 1814).
  2. José Pabón Dávila es hijo de María del Carmen Ramírez de Arellano (Acta matrimonial de José, 1806, y la de sus padres, 1759).
  3. María del Carmen Ramírez de Arellano es hija de Francisco Ramírez de Arellano y María de Rivera (Acta matrimonial, 1759).
  4. Por tanto: Ramón Ramírez de Arellano es hermano de María del Carmen Ramírez de Arellano.
  5. Conclusión: Los padres de Ramón Ramírez de Arellano son Francisco Ramírez de Arellano y María de Rivera.

Otras evidencias corroborativas


Este descubrimiento no existe en el vacío. Aunque hay más evidencias corroborativas en las consanguinidades y afinidades encontradas en el acta de cabildo, presentamos aquí las evidencias que entendemos apoyan esta conclusión de la forma más simple:

El origen en Mayagüez: Aunque Don Ramón reside en San Germán, el acta de su segundo matrimonio en 1829 con Apolonia de Quiñones declara que es natural de Mayagüez. Don Francisco Ramírez de Arellano y Doña María de Rivera eran residentes de Mayagüez y jugaron un papel importante en la fundación del pueblo. Don Francisco fue uno de los fiadores que acompañaron a Don Faustino Martínez de Matos, el 23 de agosto de 1760, para la fundación del pueblo de Mayagüez. Esto explica por qué Don Ramón aparece como "natural de Mayagüez" en su acta matrimonial de 1829.

La Conexión Rivera: La relación de Don Ramón con Don Manuel Esteban de Rivera (Alcalde Segundo) confirma su rama materna, ya que se declara un segundo grado de consanguinidad (primos hermanos) entre ambos. La ascendencia de Don Manuel Esteban: Su padre fue Don Sebastián de Rivera, hijo de Don Antonio de Rivera y Doña Margarita de Torres. Deducción Lógica: Para que Don Ramón y Don Manuel Esteban sean primos hermanos por la línea Rivera, la madre de Don Ramón, Doña María de Rivera, tiene que ser hermana de Don Sebastián de Rivera. Esto sitúa a Don Antonio de Rivera y Doña Margarita de Torres como los abuelos maternos de Don Ramón.

Relación con Don Domingo del Postigo:  Don Domingo declaró segundo grado de afinidad lícita con Don Ramón Ramírez de Arellano. Don Domingo estaba casado con Doña María Florentina Rivera Sepúlveda, hija de Don Ramón de Rivera y Doña María de los Ángeles Sepúlveda. Si el padre de Doña María Florentina (Don Ramón de Rivera) y el padre de Don Manuel Esteban de Rivera (Don Sebastián de Rivera) eran hermanos, y si Doña María de Rivera (madre de Don Ramón Ramírez de Arellano) también era hermana de estos, entonces la esposa de Don Domingo del Postigo sería prima hermana de Ramón Ramírez de Arellano, lo cual produciría exactamente el segundo grado de afinidad lícita declarado.

Reconstrucción del Grupo de Hermanos (Padrinazgos y Dispensas)

El análisis de los libros de bautismo de Mayagüez y dispensas de San Germán revela un patrón de padrinazgos típico de ayuda mutua entre hermanos:
  1. Don Francisco Ramírez (hijo): Una dispensa de matrimonio (Dispensa de Matrimonio de Don José Regino Ramírez y Doña María Pilar del Toro, AHASJ, San Germán, Caja 109) afirma que Don Ramón y Don Francisco Ramírez eran "hermanos de primer grado".
  2. Don Francisco Ramírez (hijo) casado con Doña María Telesfora Pacheco. Tuvieron una hija llamada María que fue bautizada en Mayagüez en 1792. Los padrinos fueron Don Ramón Ramírez y Doña Rosa de Quiñones. Don Francisco, como sabemos, era hermano de Don Ramón basado en el tercer grado de consanguinidad entre Don José Regino Ramírez de Arellano y Doña María del Pilar de Toro.
  3. Don Francisco Ramírez (hijo) casado con Doña María Telesfora Pacheco. Tuvieron una hija llamada María que fue bautizada en Mayagüez en 1794. Los padrinos fueron Don Ramón Ramírez y Doña Rosa de Quiñones.
  4. Don Juan Ramírez: casado con Doña Baltazara Crespo, posible hijo de Don Francisco y Doña María de Rivera. Don Ramón aparece como padrino de Anselmo, hijo de Don Juan y Doña Baltazara, en 1782. 
  5. Don Juan Ramírez y Doña Baltazara Crespo aparecen apadrinando a María Trinidad, hija de Francisco Ubiñas y Doña María Andrea Ramírez. Fue bautizada en Mayagüez en 1783. Don Juan es otro posible hermano de Doña María Andrea y Don Ramón.
  6. Don Ramón se casó en segundas nupcias con Doña Apolonia de Quiñones, viuda de Don Roque Crespo, quien era hermano de Doña Baltazara Crespo, esposa de Don Juan Ramírez, posible hermano de Don Ramón.
  7. Doña María Andrea Ramírez: Identificada como hija de Don Francisco y Doña María de Rivera en su matrimonio con Francisco de Obiña en 1782. Don Juan Ramírez apadrinó a sus hijos en 1783 y 1784. Don Ramón y su esposa Doña Rosa de Quiñones apadrinaron a una hija de Doña María Andrea en 1791. 
  8. Doña Ana Ramírez: Identificada como hija de Don Francisco y Doña María de Rivera en su matrimonio con Pablo Puyol en 1781. Don Ramón y su esposa Doña Rosa de Quiñones apadrinaron a su hija Rosa en 1795.
Don Ramón Ramírez y Doña Rosa de Quiñones aparecen consistentemente como pareja actuando como padrinos desde 1790 hasta al menos 1795. Ellos apadrinan a hijos de otros Ramírez de Arellano, incluyendo posibles sobrinos. Estos son patrones de padrinazgo típicos de familias extensas en donde hermanos se apoyan mutuamente apadrinando a sus sobrinos, mientras los padres apadrinan a los nietos.

Resolución de Aparentes Discrepancias


En el matrimonio de Don José Cipriano Ramírez (hijo de Don Ramón y Doña Rosa) celebrado en 1827, el acta consigna que los contrayentes tenían un tercer con cuarto grado de consanguinidad con su esposa, Doña María Dolores Pabón Dávila. Cuando se reconstruyen los ancestros de María Dolores, este grado encaja con precisión matemática y demuestra que Don Antonio Ramírez de Arellano fue el tronco común del parentesco.

Ahora bien, el matrimonio de su hermano Don Pedro Ángel Ramírez con Doña María Antonia Pabón Dávila en 1815 declara únicamente cuarto grado de consanguinidad, mientras que el de Don José Cipriano (1827) consigna correctamente tercer con cuarto grado. Esta diferencia no refleja una estructura genealógica distinta, sino muy probablemente un error del escribano, ya que se trata del caso clásico de dos hermanos que se casan con dos hermanas, lo que necesariamente produce el mismo grado de consanguinidad en ambos matrimonios.

Sabemos que el grado consignado en el matrimonio de Don José Cipriano es el correcto porque es el que cuadra exactamente con todas las demás consanguinidades documentadas en la familia y con la reconstrucción completa de los linajes Ramírez y Pabón. En genealogía histórica, este tipo de correcciones internas —cuando un documento aislado contradice una red coherente de evidencia— es no solo legítimo, sino metodológicamente necesario.

Otra discrepancia importante es la ausencia de la partida bautismal y del matrimonio de Don Ramón, documentos que no han sido localizados hasta ahora. Sin embargo, esta ausencia es explicable. Los libros bautismales de Mayagüez comienzan en 1761, y todo indica que Don Ramón nació antes de esa fecha, lo cual concuerda con su aparición temprana como padrino en registros parroquiales. En cuanto al matrimonio, es altamente probable que Don Ramón y Doña Rosa se hayan casado en San Germán, pueblo natal de ella, siguiendo la costumbre de la época. Dado que ambos comienzan a figurar como padrinos hacia 1790, es razonable situar su matrimonio poco antes de esa fecha; lamentablemente, los libros matrimoniales de San Germán correspondientes a esos años están perdidos o no son accesibles.

La ausencia de estos documentos directos, por tanto, no debilita la conclusión, sino que contextualiza la importancia de las fuentes indirectas. Lejos de invalidar el análisis, la convergencia entre consanguinidades múltiples, relaciones explícitas en actas municipales y redes densas de padrinazgo refuerza la demostración de que Don Ramón Ramírez de Arellano fue hijo legítimo de Don Francisco Ramírez de Arellano y Doña María de Rivera.

Otra posible discrepancia que debe considerarse es la hipótesis de que el Don Ramón Ramírez de Arellano, casado con Doña Rosa Quiñones, no sea el mismo Ramón que aparece en el acta del cabildo. Esta duda es metodológicamente válida, ya que el acta municipal no menciona afinidades matrimoniales ni identifica explícitamente a su esposa, lo que deja abierta, en principio, la posibilidad de que sea otra persona.

Sin embargo, el nombre Ramón Ramírez de Arellano no era común dentro de esta familia. Una búsqueda sistemática en los registros de Mayagüez y San Germán solo revela unos pocos contemporáneos con ese nombre, ninguno de los cuales coincide en edad suficiente para poder ser miembro del cabildo. Más aún, las estructuras de parentesco documentadas para esos otros Ramones no concuerdan con las consanguinidades matrimoniales presentadas en el acta de cabildo. Por tanto, pueden descartarse razonablemente como candidatos alternativos.

Existen además indicios positivos que refuerzan la identificación. El matrimonio con Doña Rosa María de Quiñones, miembro de una de las familias más influyentes de San Germán, habría facilitado el acceso de Ramón a cargos municipales, especialmente si se combinaba con su propio linaje como nieto de don Antonio Ramírez de Arellano. Esta convergencia de capital social y pedigree familiar encaja bien con su aparición documentada como regidor del cabildo.

Por otra parte, tras los bautismos en los que Don Ramón y Doña Rosa aparecen como padrinos entre 1791 y 1795 en Mayagüez, su rastro disminuye en esa jurisdicción, mientras que sus hijos comienzan a contraer matrimonio en San Germán, lo que sugiere un traslado efectivo de residencia, coherente con su posterior actuación política en ese municipio.

Finalmente, el acta matrimonial de su hija Doña María Belén Ramírez de Arellano con Don Gregorio Ramírez de Arellano, celebrada en 1817, identifica explícitamente a su padre como “Don Ramón Ramírez de Arellano, caballero regidor”, y declara que Doña María Belén era hija legítima de Don Ramón y Doña Rosa de Quiñones. Aunque esta referencia no constituye por sí sola una identificación absoluta con el Ramón del cabildo, la coincidencia del título y del periodo temporal le otorga un peso probatorio significativo.

En conjunto, aunque no existe un documento único que declare de forma explícita que ambos Ramones son la misma persona, la convergencia de evidencia negativa (ausencia de candidatos alternativos viables) y positiva (trayectoria social, vínculos familiares, ubicación geográfica y registros sacramentales) permite concluir razonablemente que el Don Ramón Ramírez de Arellano, casado con Doña Rosa de Quiñones, es, efectivamente, el mismo que figura como regidor en las actas del cabildo.

Conclusión


A nuestro entender, la hipótesis de los padres de Don Ramón se considera demostrada dada la convergencia de la declaración de "tío carnal" en el Cabildo, la declaración de primos con los Rivera, la dispensa que menciona que era hermano de Don Francisco Ramírez, y las relaciones de padrinazgo entre Don Ramón y su esposa con hijos de Don Francisco Ramírez de Arellano y Doña María de Rivera. Esto crea un cuerpo de evidencia sólido que minimiza dudas razonables. 

La identificación de Don Francisco Ramírez de Arellano y Doña María de Rivera como padres de Don Ramón Ramírez de Arellano no habría sido posible sin consultar las actas de cabildo de San Germán. Este descubrimiento subraya una verdad fundamental en la investigación genealógica: las respuestas pueden estar en cualquier parte, y los documentos aparentemente mundanos pueden contener las claves de nuestros misterios más persistentes.

El decreto de 1813, diseñado para regular el parentesco en los ayuntamientos, inadvertidamente creó una fuente genealógica extraordinaria. Las declaraciones hechas en cumplimiento de ese decreto, más de dos siglos después, continúan iluminando las conexiones familiares que formaron el tejido social del Puerto Rico colonial.

Para los genealogistas que investigan familias puertorriqueñas del siglo XIX, las actas de cabildo merecen un lugar en su arsenal de fuentes. No son solo documentos administrativos, son ventanas a las redes familiares que definieron el poder y la influencia en nuestros pueblos ancestrales.

¿Aparece alguno de estos nombres en tu árbol genealógico? ¡Cuéntame en los comentarios!

Fuentes Principales

Actas de Cabildo:

Matrimonios:

  • APSGASG, Libro primero de matrimonios
  • APSGASG, Libro quinto de matrimonios 
  • APSGASG, Libro sexto de matrimonios 
  • APSGASG, Libro noveno de matrimonios 
  • APSGASG, Libro undécimo de matrimonios 
  • APSMACR, Libro tercero de matrimonios 
  • APNSCL, Libro primero de matrimonios 
  • APNSCM, Libro tercero de matrimonios 

Bautismos:

  • APNSCM, Libro tercero de bautismos 
  • APNSCM, Libro cuarto de bautismos 
  • APNSCM, Libro quinto de bautismos 

Dispensas:

  • AHASJ, San Germán, Caja 109

Libros

  • De Jesús Rodríguez, Dennis. Fundación de Mayagüez, Antecedentes históricos y proceso de fundación, Los Martínez de Matos Espinosa, Vecinos fundadores, Mayagüez: n.p., 2021.
  • De Jesús Rodríguez, Dennis. Don Antonio Ramírez de Arellano, Corregidor de San Germán. Estudio biográfico y genealógico de los Ramírez de Arellano del antiguo partido de San Germán, Mayagüez: n.p., 2020. 

lunes, 20 de octubre de 2025

Ecos del Archivo: Desvelando las Historias de la Rebelión de San Germán de 1711

Un viaje a través de los Legajos: Algunos rostros detrás de la lucha por los derechos y privilegios de San Germán.

Por César A. Zapata Lozada

El periodo comprendido entre 1701 y 1712 en Puerto Rico no fue una época de calma. Fue el escenario de un profundo pulso de poder entre San Juan y San Germán que algunos historiadores llaman la Rebelión de San Germán. Queremos ir más allá de las fechas y los hechos, y sumergirnos en las vidas de los hombres y mujeres que protagonizaron este desafío a la autoridad central, basándonos en documentos de la época.

Lo que presentamos se nutre de la investigación directa de los legajos del Archivo General de Indias, específicamente de la Escribanía de Cámara, 9A1, el 137 y Santo Domingo, Legajo 2295. Quiero expresar mi más sincero agradecimiento al Dr. Antonio Sotomayor Carlo por compartir uno de estos valiosos legajos y a Kevin Villamil por su crucial ayuda en la investigación. Aquellos que deseen una visión más profunda del tema, tienen excelentes referencias en las publicaciones del Dr. Francisco Moscoso y Francisco Lluch Mora.

El origen del conflicto: Un privilegio de 1590

La mecha de esta "rebelión" fue encendida por un derecho antiguo. En 1590, la Audiencia de Santo Domingo había concedido a la Villa de San Germán unos privilegios que limitaban el poder del Gobernador de Puerto Rico. Uno de los más importantes era que no se podía obligar a los vecinos de San Germán a prestar servicios en San Juan, excepto en caso de ataque inminente, y que, aun así, no podían ser retenidos por más tiempo del necesario ni empleados en otros menesteres.

Este derecho generó roces constantes con los gobernadores, pero el conflicto escaló durante la administración de los gobernadores Gutiérrez de la Riba (conocido como "el terrible") y, posteriormente, Francisco Danio Granados.

La chispa de 1711

En 1711, el Gobernador Danio Granados, creyendo inminente un ataque inglés, ordenó a los milicianos de los partidos de la isla—incluyendo San Germán, Aguada, Arecibo, Ponce y Coamo—reportarse en San Juan.

La escuadra de San Germán, sin embargo, hizo un acto de desafío rotundo: al llegar cerca de San Juan y no ver barcos enemigos, decidieron regresar a su villa, negándose a entrar en San Juan. En este punto, la resistencia se convirtió en una abierta rebeldía, y es aquí donde entran en escena nuestros personajes.


Rostros de la Resistencia: Personajes de 1711

Muchos de estos nombres no son desconocidos; de hecho, aparecen en los árboles genealógicos de muchas familias del suroeste, demostrando que la historia de Puerto Rico es, también, una historia de familia.

1. Los Cautelosos: La Familia Ramírez de Arellano

En los legajos aparece el capitán Antonio Ramírez de Arellano, de 58 años en 1711, una edad avanzada para la época. Aquejado por "achaques del lomo" debido a una caída de caballo, excusaba su asistencia a San Juan para dar informes o presentarse ante el gobernador. Sus hijos, Baltazar (Sargento Mayor y Alcalde Ordinario), Sebastián, Andrés y Juan, también figuran.

  • Dilema de Influencia: Si bien el gobernador los menciona con cautela, señalando que los capitulares de San Germán "son todos familias", los Ramírez de Arellano parecen haber mantenido una posición cautelosa y neutral. Se dedicaban a diligenciar las órdenes del gobernador y enviar información, buscando, a mi parecer, conservar su influencia tanto ante la autoridad central como entre los ciudadanos rebeldes de la Villa.

2. El Motor de la Rebeldía: Sebastián González de Mirabal (y su familia)

Aunque la historia de esta familia merece una novela, no podemos obviar el papel de Sebastián González de Mirabal, a quien podríamos considerar el motor inicial de la rebeldía. Su esposa, María Verdugo Segarra, y su hijo, el clérigo Manuel Francisco de Mirabal, también jugaron roles protagónicos que les causaron grandes penalidades. ¡Dejaremos la epopeya de los Mirabal para otra ocasión!

3. Los Pagán: La llama de la instigación

Los Pagán, ancestros de gran parte de las familias del suroeste y presentes en la zona desde mediados del siglo XVII, participaron activamente en la instigación de la rebelión.

  • Rafael Santiago Pagán (ca. 1660): Notario público, ex-alcalde ordinario, dueño de modestos bienes y, según los documentos, una persona apasionada y de mando. Rafael fue uno de los principales instigadores de la rebeldía, afirmando que los milicianos estaban amparados por una cédula real. Junto a su sobrino, Manuel García Pagán, y Cristóbal de Lugo, redactó un memorial pidiendo protección a la Audiencia de Santo Domingo.

  • Manuel García Pagán (ca. 1680): Procurador general de San Germán y sobrino de Rafael. Participó activamente en la instrucción de los milicianos y en la planificación de un viaje a Santo Domingo.

  • Juan Felipe Pagán (ca. 1670): Ayudante y miliciano de San Germán y pariente de Rafael con un "tercero con cuarto grado de consanguinidad", un ejemplo claro de cómo el poder local se concentraba en familias entrelazadas.

  • Gerardo Pagán: Figura breve, incluido en la lista de los milicianos rebeldes fugados.

El Épico Viaje y la Captura

Rafael y Manuel, junto a otras nueve personas—incluyendo al joven Francisco de Torres de Figueroa (quien se unió al viaje con la intención de pagar una promesa a la Virgen de la Altagracia en Higüey)—, partieron hacia Santo Domingo desde la Isla de Ratones (Joyuda, Cabo Rojo) en una canoa provista por Pedro de Segarra.

Cerca de la Isla de Mona, fueron interceptados por una balandra corsaria francesa. Al ser tomados prisioneros y entregados a las autoridades españolas en San Juan, Rafael protagonizó un acto de desesperación y astucia: intentó pedir santuario agarrándose al cerrojo de la Ermita de la Concepción, muy cerca de La Fortaleza, llegando a forcejear con dos cabos para evitar ser llevado ante el gobernador. Fue engrillado en el Morro, acusado de instigar la rebelión.

4. Las víctimas y los dobles juegos: Los Segarra

La familia Segarra, ligada a los González de Mirabal y otras familias influyentes de San Germán, se vio envuelta en las vicisitudes.

  • María Verdugo Segarra: Esposa de Sebastián González de Mirabal. Padeció la confiscación de sus bienes dotales y la reducción a la limosna por la participación de su esposo e hijo, un testimonio conmovedor de las consecuencias personales de la política.

  • Pedro Segarra: Hermano de María, fue Alcalde Ordinario y, aunque lideró un grupo para reemplazar a los milicianos rebeldes, suministró las canoas para la expedición de Rafael Santiago Pagán a Santo Domingo. ¿Estaba jugando en ambos bandos, o simplemente fue coaccionado, como alegó ante el gobernador?

  • Juan Segarra: Hermano de María. Había sido despojado de su cargo de cabo militar y capitán del puerto de Cabo Rojo. Rechazó airadamente el intento del gobernador de reinstalarlo sin antes restituir sus títulos y honores, una muestra de su orgullo inquebrantable, y desafío del poder central, aun cuando el gobernador era arbitrario y poderoso. 

5. El Desafío Abierto: Cristóbal de Lugo

Capitán de la milicia, Cristóbal de Lugo fue clave, siendo uno de los redactores del memorial a la Audiencia de Santo Domingo y un instigador activo, a pesar de alegar constantemente "achaques" y enfermedad para no acudir a San Juan a pesar de las ordenes del gobernador para que le proveyera información en persona.

Cuando el gobernador finalmente ordenó su arresto, Cristóbal, bajo el cuido del miliciano Juan Felipe Pagán, se armó de su espadín e insignia. Al llegar al Río Culebrinas, le declaró a Juan Felipe que "Prefiero perder mi vida que ir a San Juan." Desenvainó su espada, amenazó a Juan Felipe y se fugó con otros milicianos, su destino final incierto. 


Una Perspectiva Detallada

El estudio de estos legajos del Archivo General de Indias nos ofrece más que fechas; nos brinda detalles íntimos, las relaciones de parentesco que unían a los líderes y la compleja red de lealtades y resentimientos que definieron la vida en la Villa de San Germán. Esperamos que esta inmersión en las historias personales de 1711 haya arrojado un poco de luz sobre este fascinante y vital capítulo de la historia puertorriqueña.

Otras publicaciones del autor (disponibles en Amazon):


miércoles, 20 de diciembre de 2023

Papa Goyo: Un empresario bondadoso

Por César A. Zapata Lozada

Desde niño, escuché historias sobre la bondad de mi tatarabuelo, don Gregorio María Torres Morales. Mi madre y mis abuelos me contaban sobre la fiesta que organizaba todos los años el día de Reyes para dar regalos y comida a las personas menos afortunadas del pueblo. Basándome en otras conversaciones con familiares, sé que no era lo único que hacía por ellos. Luego voy a entrar en detalle sobre este particular pero primero quiero presentar los ancestros de don Gregorio. 

Gregorio María Torres Morales

Papa Goyo, como le decían sus hijos, nietos y bisnietos, era descendiente de la prominente familia de Torres de Figueroa del área suroeste de Puerto Rico. Esta familia es muy antigua en la isla y fue una de las primeras en establecerse en la villa de San Germán, cuando aún estaba ubicada cerca de Guayanilla. A lo largo de los siglos, miembros de esta familia ocuparon importantes puestos políticos y militares. He podido rastrear los ancestros de Papa Goyo hasta finales del siglo XVII.

El ancestro más antiguo de Papa Goyo que he podido encontrar es don Juan de Torres de Figueroa. Este aparece como teniente y capitán a guerra, alcalde de la Santa Hermandad, alcalde ordinario, y sargento mayor de la villa de San Germán. Don Juan nació aproximadamente en 1640 y vivió en Guayanilla. A continuación, presento los ancestros de Papa Goyo desde don Juan de Torres y Figueroa:

Don Juan de Torres de Figueroa (teniente y capitán a guerra, alcalde de la Santa Hermandad, alcalde ordinario, y sargento mayor de la villa de San Germán) casado con alguien de apellido de Lugo de Buenaventura:

1. Don Francisco de Torres de Figueroa (alcalde ordinario de la villa de San Germán), nació cerca de 1695 y falleció antes de 1753. Casado con doña Apolonia Borrero, la cual falleció en Guayanilla el 18 de junio de 1758. 

a. Don Ignacio de Torres y Figueroa (capitán y alcalde de la santa hermandad), nació alrededor de 1733 y falleció de 81 años en San Germán el 18 de marzo de 1814.  Estuvo casado en primeras nupcias con doña María Rosalía del Toro y Quiñones con quien tuvo seis hijos, y en segundas nupcias con doña Micaela Irizarry con quien tuvo seis hijos. 

De su matrimonio con doña María Rosalía del Toro y Quiñones tuvo a:

i. Don Bernardino Antonio de Torres, nació aproximadamente en 1752 y falleció de 43 años más o menos en San Germán el 7 de noviembre de 1800. Estuvo casado dos veces, en primeras con doña María Juliana de la Seda con quien tuvo un solo hijo llamado don Juan Gregorio, y en segundas con doña María de las Mercedes Irizarry con quien tuvo ocho hijos llamados: Juan Anicasio, José de los Santos, Juan Evangelista, María Juliana, Pedro José, Hipólito, Francisco Antonio, y Ana Petrona. Don Bernardino vivió en Cabo Rojo en donde nacieron algunos de sus hijos.  

1. Don Juan Gregorio de Torres, nació aproximadamente en 1772 y falleció de sobre 90 años en Cabo Rojo el 5 de junio de 1866. Se casó en San Germán el 6 de febrero con doña María José Pagán, hija de don Eusebio Pagán y doña Agustina del Toro. Tenían un tercero con cuarto y tres de cuarto grados de consanguinidad.   

a. Don Pedro José de Torres, nació en Cabo Rojo el 9 de julio de 1819, y sus padrinos fueron don León de la Seda y doña Isabel Irizarry.  Don León era primo hermano de don Juan Gregorio. Don Pedro José se casó en primeras nupcias en Cabo Rojo en enero de 1856, con doña Juana Francisca Montalvo, hija de don Buenaventura Montalvo y doña Isabel Vélez.  De este matrimonio tuvo los siguientes hijos: María Aracelia, Sinforoso, y Robustino. Se casó en segundas nupcias en Cabo Rojo el 23 de febrero de 1865, con Felipa Morales, hija natural de Cipriana. Por tradición oral de la familia y lo que he podido encontrar, a don Pedro José le gustaba beber y pelear con los soldados españoles. El 28 de junio de 1867, fue multado por dos escudos por escándalos públicos en el barrio de Llanos Tuna. El 4 de agosto de 1867, le impusieron 15 días de cárcel por ser reincidente y por estar borracho. Después de armar un escándalo en su barrio de Llanos Tuna, se presentó borracho al corregimiento por lo que fue enviado a San Germán, ya que en Cabo Rojo no había calabozo para recluirlo.   

i. Don Gregorio María Torres Morales, hijo de don Pedro José Torres con Felipa Morales. 

Don Gregorio María Torres Morales (Papa Goyo)

Nació en Cabo Rojo el 9 de abril de 1870, y sus padrinos fueron don Juan Miguel Torres y doña Cecilia Ortiz (de Peña), sus tíos por parte de padre. Su padre falleció cuando Gregorio era niño y por lo tanto lo crió don Delfín Pérez Zapata. Así fue que conoció a su primera esposa Josefa Pérez Zapata ya que don Delfín era tío de Josefa. 

Se casó en primeras nupcias en Cabo Rojo el 26 de enero de 1900, con doña Josefa Pérez Zapata, hija de don Juan Pablo Pérez Zapata y doña María de los Dolores Zapata Torres. Papa Goyo y doña Josefa tuvieron cuatro hijas llamadas Manuela, Dolores Eulogia, Luisa María, y Josefa Leonor. Doña Josefa falleció en Cabo Rojo el 9 de mayo de 1909, luego de su último parto. Papa Goyo se casó en segundas nupcias en Cabo Rojo el 15 de diciembre de 1909, con Clara Vélez Seda, hija de José Alejo Vélez Seda y Andrea Adelina Seda Irizarry. Papa Goyo y Clara tuvieron nueve hijos llamados Ramón, Belford, Rosa, Gregorio, Blanca, Oscar, Efraín, Agustín, y Ana. 

Papa Goyo y su familia

Papa Goyo no tenía mucho dinero o propiedades cuando joven. Al parecer, las fincas de su abuelo, don Juan Gregorio de Torres, ya no pertenecían a la familia o quedaban muy pocas. Cuando joven, Papa Goyo iba a las montañas a recoger café por dos o tres meses para hacer dinero. Con ese capital abrió una tiendita en el barrio Llanos Tuna de Cabo Rojo. Pero según la tradición oral de la familia, cuando Papa Goyo era joven iba caminando en su finca cerca de la capilla en el barrio Llanos Tuna cuando se encontró un cerdo oliendo y escarbando debajo de un árbol de mango y el cerdo sacó una botijuela (tesoro) de 8 onzas de oro. Papa Goyo utilizó ese capital para comprar fincas y crear empresas agrícolas y agropecuarias. Siempre demostró su agradecimiento a Dios por haberlo bendecido de esa manera y por eso prometió que todos los años el dia de Reyes le iba a regalar $100 a los pobres del área. También fue una persona muy religiosa y asistía a misa todas las semanas con su familia. 

Luego se dio cuenta que las personas utilizaban el dinero que le regalaba para juegos de azar y ron y entonces decidió que en vez de dinero le iba a dar comida y regalos a los niños y a sus familias el dia de Reyes. Buscaban el mejor y más bonito toro de su finca para matarlo y repartir la carne a las familias pobres. Su segunda esposa, mama Clara, cocinaba y compraba juguetes para los niños. Gente venía de diferentes barrios y hacían fila para recibir comida, carne y juguetes. Para ese entonces había mucha hambre y miseria ya que era la época de la depresión y venían muchas familias a buscar cominda y regalos

Papa Goyo le había dicho a sus hijos que el ultimo toro se iba con él cuando el muriera y que no siguieran su promesa luego de su muerte. También les dijo que iba a morir un 5 de enero y así fue, Papa Goyo falleció el a las cinco de la tarde del 5 de enero de 1959, a sus 88 años cuando el toro estaba listo para matarlo.  

Funeral de Papa Goyo

Conclusión 

Nunca conocí a Papá Goyo, ya que falleció antes de que yo naciera. Sin embargo, su legado e historias sobre su bondad siguen siendo compartidas por sus descendientes. Papá Goyo agradecía a Dios por sus bendiciones todos los días, y por eso compartia su hogar y comida con cualquiera que lo necesitara. Según la tradición oral, sus capataces y mayordomos le informaban que le estaban robando en sus fincas y negocios. Papá Goyo les respondia que todo lo que tenía era un regalo de Dios, y que si le estaban robando era porque lo necesitaban ya que Dios les estaba proveyendo de esa manera. Las acciones y convicciones de Papá Goyo nos sirven como guía para vivir una vida agradecida a Dios por las bendiciones que tenemos y para ayudar a otros con los recursos que Dios nos provee.

Bibliografía 

  • Archivo Parroquial Nuestra Señora del Rosario de Yauco, libros primero y cuarto de defunciones.
  • Archivo Parroquial San Germán Auxerre de San Germán, libros primero y cuarto de defunciones, libro quinto de matrimonios. 
  • Archivo Parroquial San Miguel Arcángel de Cabo Rojo, libros quinto y sexto de matrimonios; libros décimo y vigésimo séptimo de matrimonios; libro décimo noveno de defunciones. 
  • Archivo General de Puerto Rico, Fondo Gobernadores Españoles, Caja 419 y 420.
  • De Jesús, Rodríguez. La Familia Irizarry, Origen y Descendientes en Mayagüez y el antiguo San German. publicación del autor: Mayagüez, 2021.
  • Antonio Ramos Ramírez de Arellano, Úrsula Acosta, y Sifredo Lugo Toro. Cabo Rojo: Notas para su Historia (San Juan: Comité Historia de los Pueblos, 1985).
  • Entrevista con Efraín Torrez Vélez, hijo de Gregorio María Torres Morales y Clara Vélez Seda el 9 de marzo de 2012.
  • Registro Civil de Puerto Rico. 



lunes, 6 de febrero de 2023

¿Isla Ratones, Isla Piñero, o Isla Juyua? Participante silencioso en nuestra historia

Actualilzado 23 de abril de 2023.

Por César Zapata Lozada

La Isla Ratones es un pequeño cayo ubicado en el sector Joyuda del Municipio de Cabo Rojo con una interesante historia. Anteriormente la isla fue conocida como Isla Piñero porque fue utilizada para sembrar piñas por un tiempo. La isla también fue utilizada como vertedero hasta que la Cervecería India adoptó la isla y procedió a limpiarla.  

Pero esto es solo un pequeño pedazo de la historia de esta paradisiaca isla. Sabemos que indigenas estuvieron presentes en dicha isla ya que en 1990 se encontró una osamenta indígena de la cultura ostionoide enterrada en la isla. Y recientemente durante mis investigaciones históricas encuentro que la isla protagonizó un interesante evento de nuestra historia.

Isla de Ratones Cabo Rojo
Atardecer en Isla de Ratones

Entre 1701 a 1711, vecinos de la villa de San Germán (que incluía a Cabo Rojo) resistieron la autoridad de los gobernadores Gabriel Gutiérrez de la Riva y Francisco Danio Granados basándose en derechos y privilegios concedidos a la villa de San Germán por la Audiencia de Santo Domingo el 27 de enero de 1590. Estos derechos y privilegios les fueron otorgados por medio de una real provisión y ordenaba a los gobernadores a no llamar a los vecinos de San Germán a prestar guardias en San Juan, excepto para la defensa de la plaza en caso de un ataque, que no se les retuviera por más tiempo de lo necesario, y que no se les empleara en otros ministerios (Para más información sobre los derechos y privilegios de la villa de San German, ver Aida R. Caro de Delgado, Villa de San Germán, sus derechos y privilegios durante los siglos XVI, XVII y XVIII (San Juan: Instituto de Cultura Puertorriqueña, 1962)).

Para enero de 1711 el gobernador Francisco Danio Granados ordenó que veinte y cinco milicianos de cada partido de la isla (San Germán, Ponce, Aguada, Arecibo, y Coamo) se reportaran a la plaza de Puerto Rico para hacer guardia debido a que una flota naval de guerra inglesa se encontraba en las Antillas Menores y el gobernador había obtenido noticias de que esta flota representaba una amenaza para la plaza de Puerto Rico (Para más información sobre estos sucesos entre 1701-1711, ver Francisco Moscoso, La sublevación de los vecinos de Puerto Rico (San Juan: Ediciones Puerto, 2012)). 

Después de la orden del gobernador ocurren varios eventos en donde algunas escuadras de la villa de San Germán y Ponce se rehusaron a seguir la orden del gobernador y decidieron no entrar a San Juan y regresaron a San Germán. Pero hay un evento durante este episodio de rebelión en que la isla Juyua jugó un papel interesante. Quiero señalar que este nombre de isla Juyua en referencia a la Isla Ratones no lo habia visto anteriormente. 

El evento a que me refiero es cuando un grupo de milicianos que se rebelarón contra el gobernador intentarón ir a la Real Audiencia en Santo Domingo para pedir la liberación de algunos de sus compañeros que estaban presos en el castillo San Felipe del Morro por su rebeldía contra el gobernador. Los cabecillas de este grupo que intentó ir a Santo Domingo fueron el procurador general de San Germán, Manuel García Pagán, y su pariente cercano Rafael de Santiago Pagán.

Los milicianos rebeldes ya habían hecho una canoa en el sitio de los Llanos por si era necesario para ir a la audiencia de Santo Domingo a pedir protección del gobernador. El grupo de rebeldes halaron la canoa como tres leguas (9 millas) hasta la costa lo que le tomó un mes en completar. Imaginen cuan grande y pesada debió haber sido esta canoa. Luego de hecharla al mar navegaron hasta el rio Guanajibo para esconderla y dejarla lista para usarla en un futuro viaje a Santo Domingo. 

El martes 30 de junio de 1711, Francisco Rodríguez Maldonado, Juan Lorenzo, Pedro Ramos, Juan de Gracia, y Julián de la Cruz, por orden de Manuel García Pagán y Rafael de Santiago Pagán, fueron de noche al rio Guanajibo a buscar la canoa y navegaron hacia la isla Juyua en donde pernoctaron aquella noche para esperar a los otros compañeros que llegarían al próximo día. Al otro día aparecieron en la playa frente a la isla Juyua, Manuel García Pagán, Rafael de Santiago Pagán, Agustín del Rosario, Juan del Rosario, Esteban García de Sea, y Francisco de Torres de Figueroa. Estos los llamaron desde la playa y los que estaban en la isla fueron a buscar a este grupo y regresaron a la isla Juyua para hacer los preparativos para su viaje a Santo Domingo. 

Ese día, que era el miércoles primero de julio, partieron hacía Santo Domingo llevando dentro de la canoa dos escopetas, nueve lanzas, cuatro espadines, y machetes (uno para cada persona). También llevaban bastimientos de carne y plátanos para tener sustento durante su viaje. Este viaje duraba varios días y debía ser díficil cruzar el canal de la Mona en una canoa, aunque esta tuviera una pequeña vela. 

Navegaron toda la noche y el jueves dos de julio al mediodía estando cerca de la isla de Mona se encontrarón con una balandra de corzo francesa que los persiguió hasta alcanzarlos y les preguntó que a donde iban y si tenían licencia para su viaje, a lo cual le contestaron que iban a Santo Domingo para una diligencia con la Real Audiencia y que no tenían licencia de su gobernador para el viaje porque eran de San Germán y no la necesitaban. El cápitan francés, llamado Pedro Daniel, al ver las armas y saber que no tenían licencia sospechó que no iban a algo bueno y como era requisito tener licencia para viajar decidió arrestarlos y llevarlos a San Juan a su gobernador que en aquel tiempo era Francisco Danio Granados.

El capitán francés procedio con su viaje y Manuel García Pagán y Rafael de Santiago Pagán trataron de convencer al capitán que los dejara en la costa y que ellos le proporcionarían bastimientos ya que estaban cortos de ellos. El capitán no aceptó la oferta de los rebelados y dijo que era su deber llevarlos a su gobernador. Siguieron su viaje y llegaron al puerto de San Juan el 5 de julio. Al llegar a San Juan, los doce fueron arrestados y llevados al castillo San Felipe del Morro donde estaban sus compañeros que habían sido arrestados anteriormente. El gobernador procede a interrogarlos y obtener sus testimonios y declaraciones sobre lo sucedido y sus intenciones. Esta historia continua y es larga, pero no he terminado mi estudio sobre estos sucesos y sigo mi investigación con el propósito de compartir más sobre esta historia en un futuro. 

Volviendo a la isla Juyua, por lo que he averiguado hay varios investigadores que alegan que Juyua es un nombre indígena pero en realidad no se sabe con certeza su real significado ni de donde proviene. Por lo menos sabemos que ya para 1711 su nombre era isla Juyua. El nombre de esta isla debe ser la razón por la cual el area frente a esta isla se llama actualmente Joyuda. Pero este tema definitivamente amerita más investigación. 

Quiero también presentar que el aspecto natural de la isla debió haber sido muy diferente a como la conocemos hoy en día ya que actualmente su vegetación consiste mayormente de pino australiano. Este pino es una especie invasora que no es endémico de las Américas ni del Caribe y que fue traído a la Florida en 1898 por el Departamento de Agricultura de los Estados Unidos y se expandió por el Caribe. Este pino desplazó la vegetación típica de playa que existía en la isla Juyua cambiando su aspecto. Espero que en un futuro cercano se hagan esfuerzos para retornar la isla a su estado natural.

Protagonizadores de este evento

Siempre me fascina aprender más sobre las personas envueltas en estos eventos. Gracias a los testimonios y declaraciones de estos milicianos ante el gobernador general Francisco Danio Granados pude sacar mucha información sobre ellos. Estas declaraciones y testimonios ocurrieron a principios de julio de 1711. A continuación presento la información obtenida.

  1. Manuel García Pagán, de 30 años, natural de la villa de San Germán y procurador general de ella. Tenía una pequeña hacienda en donde tenía de siete a ocho reses y dos pegujales de ganado menor y no era casado. Era sobrino de Rafael de Santiago Pagán. Manuel vivía en una casa con sus sobrinas en Hormigueros, al parecer eran hijas de Juan Rodríguez, quien era difunto. Sabia firmar.
  2. Rafael de Santiago Pagán, de 50 años poco más o menos, natural de la villa de San Germán, notario público del juzgado eclesiástico, y había sido ayudante de la villa, y alcalde ordinario. Sus bienes eran cuatro esclavos, un caballo, una yegüa, y un pegujal de marranos de veinte a veinte y dos cabezas y que en estos bienes tiene parte su mujer. Este era tío de Manuel García Pagán. Sabia firmar.
  3. Juan Lorenzo, de 24 años, natural de la villa de San Germán, su oficio era hombre de campo, sus bienes eran seis reces vacunas y tres bestias caballares. Estaba casado y tenia una hija. Hermano de Juan de Gracia. Sabia firmar.
  4. Francisco Rodríguez Maldonado, de 44 años poco más o menos, natural de la Ciudad de Salamanca y vecino de la villa de San Germán, su oficio era de trabajar en el campo para mantenerse, tenía cuatro vacas y una manada de marranos. Estaba casado y tenia tres hijitos. No sabia firmar.
  5. Juan de Gracia, de 36 años, natural de la villa de San Germán, su oficio era trabajar en el monte, y sus bienes eran un pegujal de marranos para mantenerse. Hermano de Juan Lorenzo. No sabia firmar.
  6. Julián de la Cruz, de 28 años, natural de la villa de San Germán, no tenía oficio, se mantenía trabajando del campo, era soltero, y no tenía bienes. Hijo de Mateo de la Cruz. No sabia firmar.
  7. Pedro Ramos, de 20 años, natural de la villa de San Germán, era pescador y trabajaba en el campo para mantenerse y no tenia más bienes que los trapos que traía encima. No sabia firmar.
  8. Francisco de Torres de Figueroa, de 20 años poco más o menos, natural de la villa de San Germán, su oficio era de trabajar en el campo y no tenía hacienda. Estaba viviendo por más de dos meses de agregado en casa de su hermano Antonio de Torres (fue alcalde de la Santa Hermandad, procurador general, y alcalde ordinario). Francisco se embarcó con ellos porque pidió que lo lleveran a Santo Domingo ya que tenía una promesa de hacerle una novena a Nuestra Señora de la Altagracia en el Higüey de Santo Domingo. Menciona que era hijo del teniente y capitan a guerra Juan de Torres de Figueroa y que sus antepasados habían ocupado puestos honoríficos tanto políticos como militares. Sabia firmar. Nota: Este Francisco llega a ser alcalde ordinario de San Germán en 1728 y se casó con Apolonia Borrero. Este Francisco es mi ancestro. 
  9. Juan Julián, de 20 años, natural del partido de Ponce, trabajaba en el monte para mantenerse y solo tenía lo que traía encima. No sabia firmar.
  10. Agustín del Rosario, de 18 años, natural de la villa de San Germán, no tenía oficio y trabajaba en el monte y tenía sendos pagujeles de marranos. Tenía su casa en Hormigueros. No sabia firmar.
  11. Esteban García de Sea, de 20 años más o menos, natural de la villa de San Germán, no tenía oficio y era hombre de campo y no tenía más bienes que la ropa que traía encima. No sabia firmar.
  12. Juan del Rosario, de 17 años, natural de la villa de San Germán, su oficio era el de los hombres de campo y no tenia bienes. Vivía en el sitio de los Cerillos (Cabo Rojo). No sabia firmar.

Bibliografía

  1. Cesiach López Maldonado. Al Rescate de Isla de Ratones: un paraíso cerca de Cabo Rojo, Primera Hora, 17 de julio de 2022, 11:45 pm. 
  2. Página del Municipio de Cabo Rojo, Breve Historia de Cabo Rojo.
  3. Archivo General de Indias, Santo Domingo, Legajo 2295, folios 275 (742), 537 (1004), 546v, 550 (1017). Varios testimonios de los rebelados mencionan la Isla de Juyua, Joyua, y Jullua. 
  4. Aida R. Caro de Delgado, Villa de San Germán, sus derechos y privilegios durante los siglos XVI, XVII y XVIII (San Juan: Instituto de Cultura Puertorriqueña, 1962)
  5. Francisco Moscoso, La sublevación de los vecinos de Puerto Rico (San Juan: Ediciones Puerto, 2012)

viernes, 14 de octubre de 2022

Doña Bonifacia de Torres contra su esposo Don Manuel Montalvo (1836)

Por César A. Zapata Lozada

La genealogía no solo es la búsqueda de nombres y fechas. Para mi es fascinante aprender sobre la vida de mis ancestros en la época en que vivieron. Es muy común romantizar sobre la vida de nuestros ancestros, pero sus vidas tenían altas y bajas como cualquier ser humano. Una fuente que nos puede ayudar a recrear las vidas de nuestros antepasados son los documentos judiciales. Buscando en el Archivo General de Puerto Rico, en la serie del Juzgado de San Germán me encontré el pleito de doña Bonifacia de Torres en contra de su esposo don Manuel Montalvo. Me llamó mucho la atención que una esposa entabló un pleito en contra de su esposo en 1836 y decidí estudiar el caso.

Doña Bonifacia de Torres era hija de don Francisco Froylan de Torres y Figueroa y doña Eugenia del Toro. Se casó en Cabo Rojo el 8 de enero de 1812, con don Manuel Montalvo, hijo de don Agustín Montalvo y doña Juana Pacheco. Al fallecer los padres de doña Bonifacia en 1808 y 1811, recibió una herencia de 700 pesos, en terrenos en la bajura de Cabo Rojo, dos vacas, dos bestias, una yegüa, y el resto en efectivo. 

Al demandar a su esposo, se le concedió una vista y presentó declaraciones de testigos. De acuerdo a la declaración de don Nicolás Pagán, natural de la villa de San Germán, vecino de Cabo Rojo, casado, labrador, y de 68 años, el terreno de la bajura era "un buen pedazo de tierra" que fue vendido por 800 pesos, cambio otro que tenía en el lugar de Coscorrones por uno en Guanajibo al lado de don Justo Torres, hermano de doña Bonifacia, "a fin de que pudieran estar a la mira de su cultivo debido a las largas ausencias y abandono de don Manuel Montalvo," y es donde últimamente se estableció doña Bonifacia. También declaró don José del Toro, natural de Cabo Rojo, viudo, labrador, y de 80 años. 

Firma de Nicolás Pagán

En la vista judicial que le fue conferida, doña Bonifacia declaró que su herencia fue recibida por su marido, haciéndose cargo para seguir la ley "que era ayudar en las cargas matrimoniales." Doña Bonifacia continua "La conducta de mi marido muy lejos de haber sido y ser la correspondiente a un hombre celoso de su buen nombre y reputación en el cumplimiento de obligaciones tan sagradas es la que se acreditan del informe del folio 26 en que pueden verse las irregularidades de su modo de obrar, en que no contento con la escandalosa separación en el abandono que de mi hizo, no obstante las amonestaciones judiciales, se fue ignorándose su paradero, hasta que fue perseguido por el alcalde de barrio a quienes había sido encargado, lo presentó en la bajura junto con una mujer con quien iba acompañado en su correría, permaneciendo a la fecha del informe en la cárcel, que es el lugar que le corresponde a semejantes sujetos." Siguio su declaracion diciendo que "no es posible que un hombre entregado como lo está mi marido a sus sensualidades pueda pensar en trabajar." Doña Bonifacia también declara que su marido no ha aportado completamente y que un número de acreedores demandan a su esposo por las deudas que en "sus desdenes contrae," y que no va a permitir que los acreedores cobren de su aporte de capital que hizo a su matrimonio, y esto lo hace "en consideración a unos infelices hijos tan desgraciados que han tenido el infortunio de estar sujetos a la conservación de esta miseria para poder subsistir y a lo que ciertamente, no debe ser indiferente el tribunal porque el ministerio público está empeñado con el encargo especial de la conveniencia de que las mujeres no estén indotadas; esta reflexión me pone en el caso de reclamar de la rectitud de vuestra que en virtud de haber acreditado mi aportación ascendiente a 700 pesos que la conducta de mi marido es la mas pesima, que está separado corriendola con absoluto abandono de sus más sagradas obligaciones, que mi aportación está disminuida sin que pueda cubrirla la estancia."  


Doña Bonifacia sigue describiendo a su marido "... que mi marido no tan solo es de conducta reprobada visible en el informe, sino también que él está siempre separado y vagando en el mundo con mujeres extrañas, para lo que si no le alcanza el tiempo" para atender la estancia.  

El expediente judicial termina con el traslado de don Manuel Montalvo para que recibiera la orden de su juez local. Lamentablemente no me esta claro cual fue la decisión del juez local.

Orden para traslado de don Manuel Montalvo
Orden para traslado de don Manuel Montalvo

Conclusión

Este pleito judicial nos abre una ventana al sistema judicial del tiempo, que beneficiaba a los esposos y hombres, y a las desgracias de una esposa abandonada por su marido. Doña Bonifacia simplemente buscaba recuperar lo que aportó a su matrimonio ya que la conducta de su marido lo llevó a tener múltiples deudas y queria prevenir que la conducta de su marido no afectará su capital para poder mantener a su familia. Lamentablemente no pude descifrar cual fue la decision del juez local y el decenlaze de este pleito.     

Bibliografía

Archivo Parroquial San Miguel Arcángel de Cabo Rojo, libro segundo de matrimonios, folio 102. 

Archivo General de Puerto Rico, Juzgado de San Germán, Serie Civil, Caja 20.

jueves, 15 de septiembre de 2022

Certificaciones de Soltería como fuente para la genealogía.

Por César A. Zapata Lozada

El Concilio de Trento (1545-1563) estableció importantes cambios dentro de la Iglesia Católica al imponer procedimientos para situaciones que requerían un mayor control y estructura para los sacramentos. El Concilio estableció pautas sobre el sacramento del matrimonio, como por ejemplo la necesidad de registrar los mismos en libros específicos, creando así los registros sacramentales y archivos parroquiales. El Concilio también instituyó un control más efectivo en el ámbito matrimonial y estableció la doctrina sobre el sacramento del matrimonio.

Los extranjeros solteros que decidían casarse por la Iglesia Católica, debían obtener una dispensa para la celebración de dicho sacramento. El referido protocolo se realizaba para asegurarse que el inmigrante no estaba casado en su país y que por tanto, no cometería un acto de bigamia. Para tal fin, este debía presentar la documentación pertinente, tal como un certificado de soltería y testimonios de otros que conociesen su estado civil. Estos documentos contienen informaciones genealógicas, como por ejemplo, su lugar de procedencia, edad, nombre de los padres y fecha para la cual llegaron al país, ocupación, así como su futura esposa.

En el Archivo Histórico Arquidiocesano de San Juan he encontrado varias certificaciones de soltería y viudez muy interesantes. En este blog voy a presentar dos certificaciones, la certificación de soltería de don Jesús María Domínguez y la certificación de viudez de doña Agustina Díaz Cardoza.

Jesús María Domínguez

Nació en Cabo Rojo el 12 de diciembre de 1841, fue bautizado el 2 de enero de 1842, y sus padrinos fueron León Flores, y por poder Ramón Lozada, y Manuela Flores. Era hijo natural de María Celestina Domínguez.

Firma de Jesus Maria Dominguez
Firma de Jesús María Domínguez

Para 1883, Jesús María quería contraer matrimonio con Isabel Luciano. Jesús María estuvo fuera de Puerto Rico por cuatro años en la "campaña de Cuba" sirviendo en la marina. La campaña de Cuba debió ser la respuesta de España a los intentos de independencia de la isla de Cuba luego del Grito de Yara en 1868, y Jesús María debió haber ido como refuerzo. Jesús María proviene de una familia de marinos ya que su abuelo Diego Domínguez era de las Islas Canarias y capitán de la goleta Monserrate. También su tío Diego Domínguez Silva era marino. 

Para poder contraer matrimonio, Jesús María tenía que presentar una certificación de soltería por que estuvo fuera de Puerto Rico por cuatro años. Los documentos de su certificación contienen una copia de su acta de bautismo y la de su contrayente Isabel Luciano (nació el 27 de febrero de 1845). También contiene una carta de su madre, doña Celestina Domínguez fechada el 3 de septiembre de 1883, en la que le da el consejo favorable para el matrimonio que tenía convenido con doña Isabel Luciano, de 37 años, hija natural de doña Encarnación, difunta, naturales y vecinos de Cabo Rojo. Doña Celestina envía esta carta desde el barrio Miradero, por medio de testigos y el comisario del barrio porque no podía comparecer ante el cura de la parroquia para dar el consejo. La carta fue firmada por Agapito Guardiola, el comisario del barrio, Mariano Luciano y por no saber firmar, su hijo Juan Luciano, y otro testigo Edelmiro. 

Carta de su madre doña Celestina Domínguez

También incluye una carta del tío de doña Isabel Luciano llamado don Pedro Luciano en la que da consejo favorable a su sobrina para que contrajera matrimonio don Jesús María Domínguez ya que sus padres eran difuntos. 

La certificación incluye una carta de don Jesús María en la que explica que estuvo fuera de Puerto Rico en la campaña de Cuba sirviendo en la marina, pide matrimonio y que ha estado soltero.

Presenta como testigos a don José Serrano, natural y vecino de Cabo Rojo, y marido legítimo de doña Nicolasa Bracero y de oficio marino, a don José Medina, casado con doña Lorenza González, natural y vecino de Cabo Rojo, propietario, y a don Diego Domínguez (era su tío), casado con doña Anita Bonilla, natural y vecinos de Cabo Rojo, y oficio marino. Estos testigos corroboran que ha sido soltero, lo conocen desde la infancia, y no saben de ningún impedimento por lo cual no pueda casarse. 

Y finalmente la certificación incluye la carta del párroco certificando la soltería basado en los testigos de buena reputación y vecinos de la parroquia. 

Agustina Díaz Cardoza

Nació en Cabo Rojo alrededor de 1816 y era hija de don José Díaz y doña María del Rosario Cardoza. Se casó en primeras nupcias el 29 de febrero de 1832, con Vicente Asencio, hijo de don Ramón Asencio y doña María Soledad Velázquez. Vicente Asencio fue asesinado por piratas y tirado al mar en febrero de 1845 cuando iba de camino a la isla de Santo Domingo. Para 1873, Agustina desea contraer nupcias con José Rafael Torres, hijo de don Juan Gregorio de Torres y doña María José Pagán. Agustina y José Rafael tenían una relación natural y tenían varios hijos y al parecer querían legitimar su prole. 

Firma Jose Rafael Torres Pagan
Firma de José Rafael Torres

El expediente de doña Agustina y don José Rafael contiene declaraciones de testigos, comenzando con don Diego Asencio, hermano de don Vicente. Don Diego declaró que doña Agustina era viuda desde hace 28 años por su hermano haber sido asesinado en febrero de 1845 por unos piratas en un viaje a la isla de Santo Domingo, sabiendo esto por las declaraciones tomadas en Cabo Rojo y en la isla de Santo Domingo, donde pasó tan pronto tuvo noticia de lo acaecido. 

Firma de Diego Asencio
Firma de Diego Asencio

El segundo testigo fue don Antonio Asencio y declaró lo mismo que su hermano don Diego y que doña Agustina es viuda y libre para contraer matrimonio. También declaró José Viscoviche (Wiscovitch) y también declaró lo mismo. 

Firma de José Wiscovitch
Firma de José Wiscovitch

Otro documento es el de doña Agustina Díaz, que dice tener 44 años, declarando lo mismo que los hermanos de Vicente. Esta documentación no incluye actas de bautismos ni defunción como en otras certificaciones. La certificación fue aprobada el 29 de marzo de 1873.

Aprobación de certificación de soltería
Aprobación de certificación de soltería

Conclusión

Las certificaciones de soltería y viudez son una excelente fuente documental de información genealógica y a veces histórica como el caso del ataque de piratas donde murió don Vicente Asencio y la participación de don Jesús María Domínguez en la campaña de Cuba. Muchas de estas certificaciones incluyen copias de actas de bautismo, declaraciones de testigos de los cuales podemos inferir algunas relaciones familiares, información sobre donde vivían, y otras informaciones pertinentes. El estudio de estas certificaciones nos pueden ayudar inmensamente en la investigación de nuestros ancestros y recrear sus historias. Espero que este blog amplie el conocimiento de otros documentos para la investigación genealógica. 

Otras publicaciones del autor (disponibles en Amazon):

Bibliografía

Archivo Histórico Arquidiocesano de San Juan, Justicia, Certificaciones, Bayamón-Cabo Rojo, 1857-1906, Caja J153.