martes, 13 de octubre de 2026

D. Francisco Nazario: un antepasado sin padres conocidos

Por César A. Zapata Lozada

Todo genealogista tiene un antepasado que se le resiste. Uno de los míos se llamaba D. Francisco Nazario. Sé cuándo murió, con quién se casó, quiénes fueron sus hijos y dónde vivió, pero después de años de búsqueda no he podido averiguar quiénes fueron sus padres. Aquí les presento lo que he encontrado, con la esperanza de que alguien tenga información que ayude a resolver esa incógnita.

Su muerte

D. Francisco Nazario murió en Cabo Rojo el 24 de enero de 1838. Su acta de defunción lo describe como vecino del pueblo, viudo de D.ª Antonia Morales y padre de siete hijos. Recibió entierro de oficio doble, el más solemne de la época, y dejó una «simple memoria» de sus bienes (una relación de sus bienes y últimas voluntades, sin las formalidades de un testamento ante escribano).

Varios detalles indican una posición relativamente acomodada: el tratamiento de «don», la categoría de su entierro, la sepultura de su hija Victoria en el tramo primero (la sección de mayor categoría) y el hecho de que dejara bienes que declarar. El acta le atribuye unos 106 años, una edad difícil de creer, como explico más adelante.

Su familia

Francisco se casó con Antonia Morales y bautizaron varios hijos en Cabo Rojo entre 1783 y 1796.

  • María, nacida el 26 de julio de 1783. Sus padrinos fueron D. Manuel Montalvo y D.ª María del Carmen López.
  • Victoria, nacida el 11 de abril de 1785. Padrinos: Martín Morales y Lucía Morales, sus tíos por parte materna. Falleció el 6 de julio de 1812 y fue sepultada en el tramo primero.
  • Paula, nacida el 27 de junio de 1787. Padrinos Luis Montalvo y Victoria Montalvo.
  • Antonia, nacida hacia 1788. Falleció el 17 de noviembre de 1813, a los 25 años. 
  • Pedro Pablo, nacido el 1 de julio de 1789. Padrinos fueron Cristóbal Camacho y Baltazara García.
  • María de los Ángeles, bautizada el 12 de junio de 1791. Padrinos Manuel Sepúlveda y Rosa Montalvo.
  • Catalina, nacida el 15 de febrero de 1796. Padrinos D. Cayetano del Castillo y D.ª María Irizarry.
  • Romualdo, cuyo bautismo no he localizado. Se casó el 9 de febrero de 1807 con Apolinaria Luciano, hija de Manuel Luciano y María de la Cruz; fueron testigos Ramón Sepúlveda y Brígida Camacho. Murió en 1837, ocho meses antes que su padre.

Son ocho nombres, pero el acta de defunción de Francisco habla de siete hijos. Es posible que el cura contara solo a los que estaban vivos o simplemente fue un error del escribano. Es otra pregunta que queda abierta.

Yo desciendo de María de los Ángeles. El 2 de julio de 1807 se casó con Francisco Lozada Torres, hijo de Manuel Lozada, ya difunto, y de Juana Torres. Fueron testigos Hipólito Morales y María Eugenia de Rivera. Murió el 17 de mayo de 1821, «de edad como de veinte y ocho años», casada y madre de cinco hijos. Su acta dice que no testó «porque carecía de bienes de fortuna».

El acta no indica la causa de la muerte, pero hay una pista. El informe mensual de Cabo Rojo de mayo de 1821 recoge que la mayoría de las muertes de ese mes se debieron al sarampión. Es posible que María de los Ángeles fuera una de sus víctimas.

Lo que dicen los padrinos

Cuando faltan los documentos directos, los padrinos ayudan a ver el círculo social de una familia. En el caso de los hijos de Francisco, ese círculo está muy definido, y los Montalvo aparecen una y otra vez.

Los padrinos de los hijos de Francisco forman un grupo muy definido:

D. Manuel Montalvo, nacido hacia 1730, apadrinó con su esposa María del Carmen a María, la primogénita. María del Carmen López era, al parecer, hija de Juan Cayetano López de Victoria y Margarita Ramírez de Arellano. Su hija Rosa y su yerno, Manuel Sepúlveda, apadrinaron a María de los Ángeles. Otra hija, Francisca Montalvo, estuvo casada con Cristóbal Camacho, quien en segundas nupcias se casó con Baltazara García; esta pareja apadrinó a Pedro Pablo. Luis y Victoria Montalvo, padrinos de Paula, completan el cuadro.

¿Por qué una familia tan vinculada a los Montalvo? Puede ser parentesco, vecindad o una relación de patrocinio. No lo sé.

En la generación siguiente aparecen otros nombres. Juan Laureano, hijo de Romualdo y Apolinaria, nació el 10 de junio de 1809 y fue bautizado el 18 de julio. Sus padrinos fueron Hipólito Morales y María Eugenia de Rivera, la misma pareja que fue testigo de la boda de María de los Ángeles. Sospecho que Hipólito estaba emparentado con Antonia Morales, pero no he podido confirmarlo.

León Lozada, hijo de María de los Ángeles y nieto de Francisco, nació el 25 de febrero de 1817. Sus padrinos fueron Joaquín Rivera y María del Rosario Camacho. Los apellidos vuelven a apuntar a los mismos grupos: los Rivera y los Camacho.

El propio Francisco fue padrino, junto con su esposa, de Marcelina Morales Matos, sobrina de Antonia; de Patricio Rivera Matos, en 1789, y de Isidora Rivera, en 1791. El apellido Matos se repite en dos de estos ahijados, lo que sugiere otra conexión por la rama Morales. Un Francisco Nazario apadrinó también a los mellizos Juan Simón y Simón, hijos de María, esclava de D.ª Petronila Montalvo. No estoy seguro de que sea la misma persona, pero, si lo es, se trataría de otro vínculo con los Montalvo.

Lo que dicen los documentos civiles

En el Archivo General de Puerto Rico, Francisco aparece:

  • En 1820, en el barrio Los Achotes, pagando 6 reales para el salario del cura y los gastos públicos.
  • El 19 de abril de 1821, como jubilado de las Milicias Disciplinadas Urbanas, con derecho a fuero (el privilegio de ser juzgado por la jurisdicción militar).
  • En 1826, en el barrio Pedernales, contribuyendo 2 pesos y 4 maravedís para la Casa del Rey, sede del gobierno municipal.
  • En 1830, en el subsidio de Cabo Rojo, pagando 8 pesos.

Lo de Pedernales encaja. Allí estaba el puerto, y allí tenían sus tierras D. Cayetano del Castillo, padrino de Catalina, y los Camacho. Eso podría explicar también el matrimonio de María de los Ángeles con Francisco Lozada, cuyo padre parece haber sido marino.

Gastos Públicos de 1820
Gastos publicos 1820

El problema de la edad

Si D. Francisco tenía 106 años en 1838, habría nacido hacia 1732. Sus hijos, sin embargo, nacieron entre 1783 y 1796, cuando él tendría entre 51 y 64 años. No es imposible; he visto padres de esa edad. Pero casi siempre se trataba de hombres casados más de una vez, y el acta de D. Francisco menciona un solo matrimonio.

Lo más probable es que el acta exagere su edad, algo frecuente en las actas de personas muy ancianas. Si nació hacia 1755 o 1760, todo encaja mejor.

En cualquier caso, nació antes de la fundación de Cabo Rojo en 1771. Si nació en el territorio que luego sería Cabo Rojo, su bautismo debió de asentarse en San Germán, cuyos libros de bautismo de esa época no se conservan. Por eso el camino tiene que ser indirecto: matrimonios, testamentos, padrones y documentos de familias relacionadas.

Lo que busco

Hasta aquí llega lo que sé. Las pistas apuntan en tres direcciones: el círculo de los Montalvo, la familia de Antonia Morales (con sus ramas Rivera y Matos) y la zona de Pedernales. Cualquiera de ellas podría llevar a los padres de Francisco.

Si usted desciende de los Nazario, los Morales o los Montalvo de Cabo Rojo, o ha visto a un Francisco Nazario en matrimonios de San Germán, padrones antiguos o testamentos de la época, me encantaría saber de usted. Puede dejar un comentario en esta entrada o escribirme directamente.

Referencias

Abreviaturas: APSMACR = Archivo Parroquial San Miguel Arcángel de Cabo Rojo; LB = Libro de Bautismos; LM = Libro de Matrimonios; LD = Libro de Defunciones; AGPR = Archivo General de Puerto Rico.

  1. D. Francisco Nazario, defunción, 24 de enero de 1838. APSMACR, LD9, f. 343v.
  2. Romualdo Nazario, bautismo, 11 de abril de 1785. APSMACR, LB2, f. 401. 
  3. Matrimonio de Romualdo Nazario y Apolinaria Luciano, 9 de febrero de 1807. APSMACR, LM2, f. 21.
  4. Romualdo Nazario, defunción, 25 de mayo de 1837. APSMACR, LD9, f. 282.
  5. Juan Laureano Nazario Luciano, bautismo, 18 de julio de 1809. APSMACR, LB8, f. 146v.
  6. Paula Nazario, bautismo, 27 de junio de 1787. APSMACR, LB3, f. 116.
  7. Pedro Pablo Nazario, bautismo, 1 de julio de 1789. APSMACR, LB3, f. 288.
  8. María de los Ángeles Nazario, bautismo, 12 de junio de 1791. APSMACR, LB4, f. 27.
  9. Catalina Nazario, bautismo, 15 de febrero de 1796. APSMACR, LB4, f. 266.
  10. Victoria Nazario, defunción, 6 de julio de 1812. APSMACR, LD4, f. 5.
  11. Antonia Nazario, defunción. APSMACR, LD4, f. 33.
  12. Matrimonio de Francisco Lozada Torres y María de los Ángeles Nazario, 2 de julio de 1807. APSMACR, LM2, f. 28v.
  13. María de los Ángeles Nazario, defunción, [fecha]. APSMACR, LD5, f. 247.
  14. Patricio Rivera Matos, bautismo, 2 de abril de 1789. APSMACR, LB3, f. 262.
  15. Isidora Rivera, bautismo, 17 de enero de 1791. APSMACR, LB4, f. 11.
  16. Juan Simón y Simón, bautismo. APSMACR, LB3, f. 148.
  17. Reparto del salario del cura y gastos públicos, 1820; reparto para la Casa del Rey, 1826. AGPR, Fondo de Gobernadores Españoles, Caja 416.
  18. Subsidio de 1830; propietarios de 1827. AGPR, Fondo de Gobernadores Españoles, Caja 417.
  19. Milicias Disciplinadas Urbanas, 19 de abril de 1821; pliego mensual de Cabo Rojo, 31 de mayo de 1821. AGPR, Fondo de Gobernadores Españoles, Caja 418.

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miércoles, 29 de julio de 2026

Dos hombres, un nombre: el enredo del "cura masón" de Mayagüez

Por César A. Zapata Lozada

Imagínate que dentro de 200 años alguien encuentra tu nombre en dos documentos distintos, en el mismo pueblo, y concluye que ambos hablan de ti — sin darse cuenta de que en realidad eran dos personas completamente distintas que solo compartían nombre y apellido. Eso es exactamente lo que le pasó, creemos, al padre don Ramón Durán y Aponte, presbítero natural de Mayagüez del siglo XIX.

Quién fue realmente el padre Ramón Durán

Antes de hablar del enredo, vale la pena conocer a este hombre, porque su vida es interesante por derecho propio.

Don Ramón Abad Durán y Aponte nació en Mayagüez el 31 de agosto de 1813. Era hijo de don Fernando Ignacio Durán, natural de la provincia de Guipúzcoa en el señorío de Vizcaya, España, y de doña Cayetana Aponte, y sus padrinos fueron don Antonio Roselló y doña María de los Dolores Durán (su hermana). Sus padres se habían casado el 4 de diciembre de 1783 en Mayagüez, y Ramón fue uno de varios hermanos, a saber: Lucas, Francisco, María de los Dolores y Ángela, todos con el "don" y "doña" que marcaban a las familias de cierto estatus social en la época.

Don Ramón estudió latín, filosofía y teología moral de forma privada, en Mayagüez y Aguadilla. Así se formaban muchos aspirantes al sacerdocio en pueblos sin seminario propio. El 26 de noviembre de 1837 recibió la ordenación sacerdotal en La Habana y fue asignado a la sacristía presbiterial de Cabo Rojo.

Firma del Presbitero don Ramon Duran
Firma del Presbítero don Ramón Durán

De ahí en adelante, su carrera fue típica del clero de la época, ascendiendo de rango y responsabilidades a lo largo de ella.

  • 1837-1841: Sacristán prebisterial en Cabo Rojo.
  • 1841-1843: Coadjutor en la parroquia de Mayagüez.
  • 1843-1844: Cura párroco de Sabana Grande, cargo al que renunció por problemas de salud.
  • 1844-1849: Al renunciar en Sabana Grande, obtuvo una plaza de maestro de instrucción primaria en la escuela pública de Mayagüez.
  • 1849-1850: Asignado como cura regente de Aguadilla.
  • 1850-1852: Coadjutor y luego cura regente en San Sebastián.
  • 1858-1868: Párroco de San Francisco de Asís, en San Juan.
  • 1868-1869: Racionero de la Catedral de San Juan.
  • 1869: Nombrado comisario de los Santos Lugares.

En 1876, a los 64 años y tras 40 años de servicio, solicitó su jubilación. El expediente que presentó describe un padecimiento pulmonar certificado por dos facultativos (médicos), tan severo que ya no "podía levantar las cargas de su prebenda". Padeció de esta enfermedad pulmonar por lo menos desde la década de 1840. Basado en la descripción de la enfermedad por los facultativos, es posible que fuera EPOC (Enfermedad Pulmonar Obstructiva Crónica). Pidió licencia de seis meses para tratarse en España, pero no sabemos si llegó a viajar a España para tratar su condición. 

Aparece en el Boletín Episcopal de Puerto Rico de enero de 1879 como presbítero en Mayagüez. Los documentos oficiales lo describen como un sacerdote "de buena vida y costumbres, que ayudaba a los pobres de su comunidad".

Decreto de jubilación de don Ramón Durán (1877)

Entonces, ¿de dónde sale lo del masón?

En un artículo de 2014 de la publicación Lumen: Revista Oficial Respetable Logia de Investigación José G. Bloise, el artículo titulado “Los Betances: familia de masones" identifica a este mismo padre Durán como miembro activo de la masonería en Mayagüez. El artículo cita una lista de miembros conocidos de la logia La Restauración de la Verdad, entre 1821 y 1841, donde aparece un "Ramón Durán", natural de Puerto Rico y "profesor público", que en 1836 tenía el tercer grado masónico, subió al cuarto grado en 1837-1838, y llegó a ser Orador de la logia en 1837.

Nombre igual. Pueblo igual. Y hasta una ocupación parecida, ya que ambos fueron maestros en algún momento. A primera vista, parece la misma persona.

Por qué creemos que son dos personas distintas

Cuando se ponen las dos cronologías lado a lado, las fechas no coinciden. Justo en 1836-1838, cuando el "Ramón Durán masón" sube de grado y se convierte en Orador de logia, el padre Durán estaba estudiando para el sacerdocio. En noviembre de 1837 fue ordenado y asignado a servir en Cabo Rojo, no en Mayagüez. Nos parece que ser Orador en la logia exigía asistencia regular a las reuniones, algo que entendemos debió ser muy difícil para un presbítero recién ordenado y asignado a otro pueblo. Además, don Ramón fue ordenado en la ciudad de La Habana, lo que requirió que don Ramón estuviera fuera de Puerto Rico por un tiempo.

En cuanto a la profesión de profesor, tampoco coincide en el tiempo. El Ramón Durán de la logia es "profesor público" dentro del período de 1821 a 1841. Pero el padre Durán no ejerce como profesor hasta 1844-1849, es decir, después de que termina el rango de años que cubre la lista masónica. La única coincidencia ocupacional que tienen nunca se da al mismo tiempo. 

Otro factor es que el riesgo para el presbítero don Ramón era enorme. Ser masón mientras estudiaba para ser presbítero hubiese sido una falta grave que impediría su ordenación como sacerdote. No descartamos que hubiese sido posible para un sacerdote ocultar su participación en la logia masónica, pero debió ser algo muy difícil ya que un sacerdote estaba bajo el ojo público y el de la iglesia constantemente, haciendo muy difícil ocultarlo. 

También sabemos que en Mayagüez había más familias de apellido Durán para esa época. Como por ejemplo, la pareja de Juan Bautista Noé Durán Valentín y Catalina del Castillo, o la de Andrés Durán y  Margarita Aponte (quienes eran de Añasco, pero algunos de sus hijos aparecen en Mayagüez), cuyos posibles descendientes también podrían llamarse Ramón. 

Como nota aparte, en el artículo de Los Betances: familia de masones, hay un error de paleografía, transcripción e interpretación del documento original del expediente de don Ramón Durán, encontrado en el Archivo Histórico Nacional de Madrid. El artículo menciona que don Ramón "solicitó su jubilación debido a su delicado estado de salud que no le permitía llevar a cabo funciones básicas como levantar cajas". Al ir al documento original y volver a leer el expediente, comprobamos que el texto del expediente dice: "… que no puede levantar las cargas de su prebenda…" Como vemos, no dice que no podía levantar cajas, sino que utiliza la expresión "de levantar las cargas de su prebenda" para comunicar que no podía llevar a cabo las funciones requeridas por su prebenda en la Catedral. 

La lección a aprender

Este tipo de caso se repite constantemente en la genealogía puertorriqueña. El mismo nombre, el mismo pueblo y el mismo periodo: una coincidencia que hace crear inferencias que pueden ser erróneas. La única defensa real es reconstruir la cronología completa de cada individuo y verificar, fecha por fecha, si de verdad pudieron ser la misma persona — antes de aceptar la conclusión más fácil.

No se trata solo de "aclarar un dato" en un artículo. Se trata de proteger la memoria real de una persona. El padre don Ramón Durán y Aponte dejó un rastro documental propio, verificable y coherente: cuarenta años de servicio, cinco parroquias distintas, maestro de instrucción primaria y el reconocimiento de sus superiores como sacerdote distinguido de buenas costumbres que le mereció ser cura regente y una ración en la Catedral de San Juan. Esa es su historia, respaldada por su propio expediente de jubilación redactado por la Iglesia. Atribuirle además una carrera masónica que lo más seguro es que le perteneció a otro hombre no es un detalle menor; es reescribir su biografía con hechos ajenos y, de paso, borrar o ensombrecer al verdadero Ramón Durán, masón, quien también merece que su historia se cuente correctamente y no se pierda fundida dentro de la de un sacerdote.

Este es el valor real de este ejercicio. No recalcar un error. Es un recordatorio de que cada nombre en un registro representa a una persona específica, con su propia cronología, sus propios documentos y su propio derecho a que su historia se cuente con precisión. Cuando dos vidas se funden en una por inferencias erróneas, ambas personas salen perdiendo, y el error sigue propagándose. 

Por eso, cada vez que la genealogía o la microhistoria tropiece con una coincidencia de nombres demasiado conveniente, vale la pena hacer la pausa para reconstruir la cronología completa, buscar el expediente original y preguntarse si la respuesta fácil es también la correcta. 

Bibliografía

  • Archivo Histórico Nacional de Madrid. Ultramar, Legajo 2062, Exp. 8. Expediente del padre Ramón Durán, racionero de la catedral. Consultado en PARES el 4 de julio de 2026.
  • Archivo Parroquial Nuestra Señora de la Candelaria de Mayagüez:
    • Libro noveno de bautismos (1810-1813). 
    • Libro tercero de matrimonios.
    • Libro décimo sexto de defunciones. 
  • Ayala, José Antonio. La masonería de la obediencia española en Puerto Rico siglo XIX. Universidad de Murcia, 1991.
  • Boletín Episcopal de Puerto Rico. Primero de enero de 1879, página 7. Queremos agradecer al vicario don Edwin Lugo Silva por proveer información contenida en este boletín de don Ramón Durán. 
  • Santiago Ramos, Luis E. "Los Betances: familia de masones", Lumen: Revista Logia de investigación, Edición #1 (2014): 44-64.

miércoles, 24 de junio de 2026

El peligro de las inferencias en la investigación genealógica e histórica.

Por César A. Zapata Lozada

En la investigación histórica y genealógica, siempre existe la tentación de "llenar los espacios en blanco". Cuando nos enfrentamos a archivos fragmentados, lagunas cronológicas o documentos de difícil acceso, tenemos el impulso de completar lo que falta. Es ahí donde nace la inferencia inadecuada: la deducción de un hecho que no está explícitamente documentado, pero que nos parece obvio o altamente probable.

Sin embargo, en nuestra disciplina, la inferencia desmedida es uno de los mayores peligros para el rigor investigativo. Lo que hoy parece una deducción sólida, mañana puede desmoronarse ante el hallazgo de un nuevo documento. Aceptar una inferencia como una verdad absoluta y/o copiar datos de otros árboles genealógicos sin fuentes documentales que sostengan la información debilita la credibilidad de cualquier investigación.

A partir de dos de mis experiencias investigativas en los archivos de la Parroquia San Miguel Arcángel de Cabo Rojo, podemos identificar dos errores comunes de la inferencia inadecuada y, lo más importante, cómo evitarlos.

Error 1: La ilusión de la homonimia (El caso de Dionisio Lozada)

Un error frecuente ocurre cuando encontramos un nombre, una fecha y un lugar que encajan perfectamente con el perfil que buscamos, y asumimos de inmediato que se trata de la misma persona.

El error por inferencia: Al investigar a las familias Lozada, se concluyó inicialmente que un Dionisio nacido en 1817 era una persona que se casó en 1843 y falleció poco después. La cronología y el lugar encajaban perfectamente.

La realidad: El hallazgo posterior de una partida de matrimonio demostró que el Dionisio que se casó en 1843 era hijo de otros padres que los del nacido en 1817. Eran dos personas diferentes que compartían nombre, época y espacio geográfico.

Error 2: Enmendar la ortografía de la fuente (El caso de Figueroa vs. Figueras)

Ocurre cuando el investigador asume que el escribano eclesiástico o civil cometió un error ortográfico en el documento, solo porque el dato registrado no coincide con lo común en la región.

Escritura de documento que dice Figueras

El error por inferencia:
Al transcribir el Libro Décimo de Bautismos de Cabo Rojo, se asumió que el apellido "Figueras" anotado por el párroco era una equivocación ortográfica y que el apellido real debía ser "Figueroa", un apellido más común.

La realidad: Al expandir la búsqueda hacia líneas colaterales y otros fondos documentales, se constató que el párroco estaba en lo correcto: el apellido legítimo de esa rama familiar era, en efecto, Figueras. La inferencia nos llevó a "corregir" una fuente primaria que no requería corrección. Gracias a la genealogista Dra. Nydia Rodríguez Hanna, pudimos corroborar que la inferencia del apellido Figueroa era un error. 

Ver blog de la Dra. Nydia Rodríguez Hanna - Figueras vs. Figueroa in Cabo Rojo.

Cómo mejorar las inferencias: Reglas de oro para el investigador

Para proteger la rigurosidad de nuestras investigaciones, árbol genealógico y publicaciones, debemos adoptar metodologías estrictas, como el Genealogical Proof Standard (GPS):

Exigir siempre un "documento conector": Nunca se debe fusionar la identidad de dos personas basándose únicamente en la coincidencia del nombre y el año. Es obligatorio buscar un documento conector, una partida de matrimonio que mencione a los padres, un testamento, un acta de defunción u otro documento que nos ayude a establecer una hipótesis sólida. Si no existe un documento conector, debe hacer una nota al respecto y explicitamente explicar que es una hipótesis sin corroborar y explicar que lo lleva a establecer la hipótesis. 

Respetar la literalidad de la fuente hasta que se demuestre lo contrario: El documento original tiene la presunción de verdad. Si un apellido o nombre suena extraño, no debemos cambiarlo en nuestras notas bajo la suposición de un "error del escribano". Cualquier hipótesis de error debe quedar anotada como tal, hasta que otras fuentes documentales la confirmen o la desmientan con certeza.

Para más información, ver Fe de Errata del blog Genealogías e Historia del Suroeste de Puerto Rico.

Conclusión

Es válido hacer inferencias en la investigación para abrir nuevas rutas de búsqueda, pero es un error publicarlas como certezas. Si el vínculo familiar no está plenamente probado por un documento, debe hacer una nota de prudencia, como por ejemplo: "es probable que", "los datos sugieren la hipótesis de que" o "resta por confirmar si".

La investigación genealógica e histórica no consiste en armar un rompecabezas a la fuerza para que las piezas encajen donde queremos. Consiste en aceptar los vacíos del pasado con honestidad investigativa. Admitir que no sabemos el destino de un ancestro o el origen de un apellido es mucho más valioso y científico que inventar una conexión basada en la intuición o copia de un dato sin fuentes documentales. Al final del día, el valor de nuestra historia familiar no se mide por el tamaño de nuestro árbol, ni por las "hazañas" o "linaje noble" encontrados sin fuentes documentales, sino por las historias reales y por la solidez y credibilidad de cada uno de nuestros hallazgos. Hay que recordar que la genealogía sin fuentes es mitología. 

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miércoles, 27 de mayo de 2026

De Verdenal a Boquerón: La historia de Monsieur Joseph Dumas, el herrero francés en Cabo Rojo

Por César A. Zapata Lozada

¿Cómo un herrero de una pequeña comuna francesa termina siendo armero del batallón militar de Mayagüez y, años más tarde, herrero en Boquerón, Cabo Rojo? La historia de Joseph Dumas es un viaje fascinante que nos transporta al Puerto Rico del siglo XIX, un periodo marcado por la inmigración europea, el control colonial y las sorpresas que los archivos nos reservan cuando miramos más allá de lo evidente.

Representación artística de Joseph Dumas en su taller de herrería (c. 1845).
Representación artística de Joseph Dumas en su taller de herrería (c. 1845). 

A través de una minuciosa investigación documental, hemos logrado reconstruir los pasos de este inmigrante francés, desde su llegada a la isla en 1841 hasta su muerte en Cabo Rojo en 1891. Su vida es un ejemplo de como otros documentos oficiales colaterales nos permiten rescatar la historia de una persona, incluso cuando las fuentes tradicionales como los archivos parroquiales parecen cerrarnos la puerta.

La llegada: de Savannah a Mayagüez

Joseph Dumas nació el 12 de noviembre de 1818, en la comuna de Verdenal, Francia  (perteneciente a la diócesis de Nancy y Toul). Siendo un joven de unos 22 años, su espíritu aventurero lo llevó primero a Savannah, Estados Unidos, antes de embarcarse hacia el Caribe y desembarcar en el puerto de Mayagüez en mayo de 1841. Su objetivo era establecerse y ejercer su oficio de herrero.

Gracias a la fianza otorgada por Don Juan Bautista Lavezzari, un comerciante francés ya establecido en Mayagüez, Dumas obtuvo sus primeras licencias temporales (usualmente licencias de residencia por cinco o seis meses) para permanecer en la isla. Durante sus primeros años, se esforzó por demostrar su buena conducta, su capacidad para sostenerse financieramente y ejercer una profesión necesitada, requisitos indispensables exigidos por el gobierno colonial a extranjeros.

El proceso de naturalización: juramento ante el gobernador

Para un extranjero en la década de 1840, integrarse plenamente en Puerto Rico exigía un proceso burocrático que requería demostrar rectitud moral, obedencia civil y práctica religiosa. Los documentos de Joseph nos permiten descifrar este riguroso examen paso a paso.

En primer lugar, tuvo que certificar su fe católica. Para ello, presentó una copia oficial de su acta de bautismo de Verdenal. Tras ser evaluado por las autoridades, se determinó que el documento "merecía fe" y acreditaba con éxito sus orígenes e inclinación religiosa.

Bautismo de Joseph Dumas
Copia del bautismo de Joseph Dumas en francés. 

El punto culminante de su radicación llegó el 28 de marzo de 1844. Joseph Dumas compareció a la capital para aparecer ante el Gobernador y Capitán General de Puerto Rico, Don Santiago Méndez Vigo. Ante el gobernador, prestó juramento formal bajo el cual se comprometió a guardar fidelidad a la reina y a la nación española, ejercer la religión católica y obedecer a las autoridades constitucionales. Con este acto, respaldado por la firma del Gobernador, el joven herrero obtuvo su ansiada carta de domicilio.

Firma de Santiago Mendez de Vigo y Joseph Dumas
Firma del gobernador Santiago Méndez Vigo y Joseph Dumas

El camino al altar: ¿Por qué se necesitó una prueba de soltería?

Tras establecerse legalmente en la isla, la vida de Joseph Dumas continuó su curso en Cabo Rojo. En diciembre de 1862, decidió contraer matrimonio con una caborrojeña: Doña Leonarda Binetti. Sin embargo, la burocracia eclesiástica de la época imponía un control estricto para los matrimonios de extranjeros, y el enlace no sería sencillo de tramitar.  

Para que la Iglesia católica permitiera una boda, era obligatorio demostrar con total certeza que el contrayente no estaba casado en su país de origen (lo que hoy conocemos como un expediente de soltería) y presentar su fe de bautismo. Joseph se topó con un doble obstáculo: aunque conservaba un extracto de su bautismo de Verdenal, este documento no había venido debidamente legalizado para su uso en la iglesia católica.   

Por su parte, la novia también enfrentaba su propio dilema documental: el párroco de Cabo Rojo, Vicente Martínez Valdez, no logró localizar la partida de bautismo de Leonarda en los libros archivados en la parroquia.  

Ante la falta de registros certificados, la legislación eclesiástica permitía resolver el problema mediante una investigación colateral basada en declaraciones juradas. Es en este punto donde el expediente matrimonial se convierte en una mina de oro para la investigación, revelando las identidades y los orígenes de ambas familias:

  • La Familia de la Novia: A través del testimonio de vecinos como Don Fermín Ramírez y Don José Florencio Feliciano, el cura pudo certificar que Doña Leonarda Binetti era hija legítima de Don Andrés Binetti y Doña Bárbara Méndez, una familia natural y vecina de Cabo Rojo. Se testificó que Leonarda había sido bautizada originalmente en noviembre de 1829 por el padre Antonio Vélez, teniendo como padrinos a Don Antonio Lorenzo de Acevedo y Doña Isidora de Arce.  
  • La Familia del Novio: Joseph reafirmó bajo juramento su filiación, dejando constancia de que era hijo legítimo de Don Huberto Dumas y Doña Águeda Bequet, quienes para esa fecha ya habían fallecido en Francia. El apellido de su madre aparece a veces en otros documentos como Becker también.   

Los testigos franceses: una red transatlántica

Para certificar que era libre para casarse, Joseph presentó testigos que revelan una impresionante red de apoyo entre inmigrantes franceses en el oeste de la isla:

  • Don Víctor Despin: Ingeniero civil de 41 años. Declaró que en Francia, él solía ir de paseo con frecuencia a la comuna de Verdenal y conocía a Joseph desde que eran muy jóvenes. Años después, se reencontraron en Mayagüez en el taller de herrería de Dumas.
  • Don Esteban Beuys (Buis): Propietario de 40 años. Explicó que conoció a Joseph en su juventud en Francia mientras hacía diligencias en el lugar donde vivía la familia Dumas. Años más tarde, viajando por negocios a Cabo Rojo, se topó con el taller de Joseph y renovaron su vieja amistad.
  • Don Pedro Guffain: Maquinista de 44 años. Fue quien detalló la cronología exacta de Joseph en la isla, confirmando que tras su llegada vivió tres años en Mayagüez antes de mudarse definitivamente a Cabo Rojo. Como nota interesante de don Pedro, este tuvo una hija llamada Agustina, la cual fue un pilar en el desarrollo y adopción del espiritismo en el área oeste. 

La omisión en el acta de defunción y el hallazgo de Ana María

Joseph Dumas pasó el resto de su vida en Cabo Rojo. Con las décadas, acumuló tierras y, para el momento de su fallecimiento el 24 de julio de 1891 en el barrio Boquerón, se le describía formalmente como un "propietario y agricultor" de 71 años. Como nota adicional, en 1872, Joseph Dumas aparece como dueño de dos esclavizados llamados José Faustino y José. 

Representación de un atardecer en la bahía de Boquerón vista desde la casa de Joseph Dumas
Representación de un atardecer en la bahía de Boquerón vista desde la casa de Joseph Dumas 

Su acta de defunción menciona que de sus matrimonios (primero con Leonarda Binetti y luego con Florencia Segarra) no tuvo prole. En la genealogía tradicional, un documento así cerraría el caso sobre la descendencia de Joseph Dumas. Sin embargo, la misma fuente de su defunción, el registro civil, nos revela que Joseph Dumas sí tuvo descendencia.

Fuera de sus matrimonios documentados en el acta de defunción, Joseph tuvo una hija con Micaela Ruiz, llamada Ana María Dumas Ruiz, nacida aproximadamente en 1860. Ana María creció en Cabo Rojo y se casó con un inmigrante español natural de Ourense, Galicia, llamado Juan Dieguez González.

El vínculo familiar y la ciencia del ADN

Este formidable hallazgo conecta de cierta forma con la historia oral de mi familia. Mi abuela me repetía con certeza que su abuelo era de apellido Dumas y que era herrero. Que era el padre de Manuel Domínguez, hijo natural de Carmen Domínguez. Dado a lo que hemos encontrado en los archivos históricos, la historia oral de la familia parece coincidir, y aunque no tengamos documentación directa, podemos establecer que es una hipótesis plausible que debemos seguir investigando, ya que es posible que Joseph Dumas haya tenido más hijos fuera de matrimonio, común para la época. Otra posibilidad puede ser que Joseph Dumas haya criado a mi bisabuelo y no haya sido su padre biológico. 

Aunque el acta de defunción de Joseph Dumas omitió su paternidad, la existencia de Ana María Dumas Ruiz abre otra opción para resolver el rompecabezas. El siguiente paso en esta investigación no sería en los libros parroquiales o históricos, sino en la ciencia: el cotejo y análisis de pruebas de ADN autosomal con los descendientes documentados de Ana María Dumas y Juan Dieguez.

La genealogía no se detiene ante el dictamen de un solo papel, especialmente cuando la memoria familiar y lo encontrado apuntan en la misma dirección. La historia de Joseph Dumas, el herrero de Verdenal, sigue viva y esperando el último enlace genético, si es que existe. 

Documentacion

  • Archivo General de Puerto Rico, Caja 93, Registro de Extranjeros 1815-1845. Expediente de Monsieur Joseph Dumas.
  • Registro Civil de Puerto Rico, Cabo Rojo, Defunciones, Folio 182, Número 286. Defunción de don José Dumas (24 de julio de 1891).
  • Registro Civil de Puerto Rico, Cabo Rojo, Defunciones, Folio 377, Número 113. Defunción de Juan Dieguez González (30 de marzo de 1891). 
  • Registro Civil de Puerto Rico, Cabo Rojo, Nacimientos, Folio 115v, Número 288. Nacimiento de Norberto Dieguez Dumas. Menciona que su abuelo era don José Dumas, natural de Francia, casado en segundas nupcias, herrero, y que su abuela era Micaela Ruiz, difunta. 
  • Archivo Histórico Arquidiocesano de San Juan, Justicia, Certificaciones de Soltería, Cabo Rojo, Caja J-153. Certificación de soltería de José Dumas.
  • Family Search. Registro Central de Esclavos. Distrito 4. 

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jueves, 26 de marzo de 2026

Cuando todos eran parientes, Parte 2: Cabo Rojo (1821), Actas de Cabildo

Por César A. Zapata Lozada 

Tras el análisis de las reuniones del cabildo de San Germán en 1814 (Cuando todos eran parientes, Parte 1), donde el parentesco emergió como un obstáculo para la administración municipal, observamos un fenómeno recurrente: la fricción entre la normativa metropolitana —impulsada por la Constitución de Cádiz— y la realidad social de las élites locales. En comunidades pequeñas y densamente interconectadas, un reducido número de familias consolidaba el poder político y económico mediante alianzas matrimoniales estratégicas.

Siete años más tarde, el 31 de enero de 1821, Cabo Rojo presentó un escenario similar. En dicha instancia, la elección de Don Bernardo Pabón Dávila como alcalde fue impugnada por un impedimento de afinidad en segundo grado con el regidor Don Roque Pagán, lo que obligó a realizar una nueva elección. Sin embargo, al examinar el tejido familiar de electores y elegidos, emerge un panorama más complejo: el parentesco consignado en el acta fue solo uno entre varios vínculos, omitiéndose incluso relaciones de primer grado de afinidad más cercanas que la denunciada.

A continuación, se presentan las consanguinidades y afinidades identificadas en torno a esta elección de 1821. Este esfuerzo busca contribuir a la historia social del poder local y ofrecer a los investigadores herramientas documentales para profundizar en sus propias reconstrucciones genealógicas.

La genealogía es colaborativa; si identifica a estos ancestros, le invito a aportar información para completar sus vínculos familiares.

Acta cabildo Cabo Rojo 31 enero 1821
Acta del cabildo del 31 de enero de 1821

El acta del 31 de enero de 1821: una elección anulada

La junta celebrada en el cabildo de Cabo Rojo el 31 de enero de 1821 tuvo como fin rectificar el proceso electoral del 10 de diciembre anterior. Aunque la normativa dictaba que los oficiales municipales debían ser electos en diciembre para iniciar sus funciones el primero de enero, dicha votación fue declarada nula por el Jefe Político Superior.

La autoridad estatal presidió la reunión tras invalidar los resultados previos, al constatar que la junta no se había ajustado a las disposiciones de la Constitución de 1812 ni a la ley del 24 de marzo de ese mismo año, además de detectarse otros defectos de forma en las actas. Debido a que el secretario del ayuntamiento se encontraba enfermo, las funciones fueron asumidas por el secretario del Gobierno Político Superior presente en el acto.

Tras la lectura de las actas de diciembre y sus elecciones subsecuentes, se procedió al nombramiento de los escrutadores, resultando electos Don Nicolás Pagán y Don Bernardo Pabón Dávila, dando así inicio formal al nuevo proceso de votación.

Los siguientes electores estuvieron presentes:

  • Don Alonso Vélez 
  • Don José Teodoro Montalvo 
  • Don Antonio Irizarry 
  • Don Bartolomé Bonilla 
  • Don Bernardo Pabón Dávila 
  • Don Nicolás Pagán 
  • Don Pedro Pagán 
  • Don Tomás Ramírez 
  • Presbítero Don José Vicente del Toro 
  • Don Juan Font y Soler 
  • Padre cura Don Antonio Vélez 
  • Don Roque de Torres

No estuvieron presentes por estar enfermos o por estar ausentes:

  • Don Manuel del Toro 
  • Don Román López de Victoria 
  • Don Manuel Ramírez 
  • Don Domingo Pagán 
  • Don Roque Pagán

En las primeras elecciones resultaron elegidos:

Alcalde: Don Bernardo Pabón Dávila

Para regidores:

  • Don Manuel Vélez Borrero
  • Don Manuel Antonio Vélez
  • Don Gerónimo Rodríguez
  • Don Manuel Silva

Y para síndico:

  • Don Miguel Cerda

Tras la validación inicial del proceso, se emitió una advertencia formal al cabildo para que, en lo sucesivo, el nombramiento de los electores y la elección de los oficiales del ayuntamiento no se realizaran en una misma jornada, respetando el mandato legal de efectuarlos en días distintos.

En este punto del protocolo, surgió una impugnación relevante: uno de los electores advirtió que Don Bernardo Pabón Dávila incurría en un impedimento legal por parentesco en segundo grado de afinidad con Don Roque Pagán, quien ya fungía como regidor tercero. Ante esta incompatibilidad, la junta determinó la necesidad de elegir nuevos titulares para alcalde, regidor octavo y segundo síndico, toda vez que el Jefe Superior ya había ratificado la validez de los regidores del cuarto al séptimo y del síndico primero.

Una vez verificado el quórum con las dos terceras partes de los electores presentes, se procedió a la votación secreta, obteniéndose los siguientes resultados:

Alcalde 1ro – Don Juan Evangelista Ramírez (9 votos)
Alcalde 2do – Don Antonio Irizarry (10 votos)
Regidor 8vo – Don Bartolomé Bonilla (6 votos) y Don Vicente Ramírez (6 votos), como fue un empate, se decidió a la suerte y salió Don Bartolomé Bonilla. 
Síndico 2do – Don Juan Guardiola (10 votos)

El cabildo entonces quedó compuesto por:

Alcalde 1ro – Don Juan Evangelista Ramírez (de Arellano)
Alcalde 2do – Don Antonio Irizarry
Regidores:
  • Don Roque Pagán
  • Don Manuel Vélez Borrero
  • Don Manuel Antonio Vélez
  • Don Gerónimo Rodríguez
  • Don Manuel Silva
  • Don Bartolomé Bonilla
Síndicos:
  • Don Miguel Cerda
  • Don Juan Guardiola
Escrutinio eleccion 31 enero 1821 Cabo Rojo
Escrutinio de votos, elección del 31 de enero de 1821

Entonces, conforme a que no había resultado impedimentos de parentesco, se dio por terminada la junta que firmaron el señor jefe político superior y electores. Lo firmaron:
  • Aróstegui (este debe ser el Brigadier Gonzalo Aróstegui Herrera, gobernador de Puerto Rico que estaba presente en la reunión)
  • Alonso Vélez
  • José Teodoro Montalvo
  • Antonio Irizarry
  • Bernardo Pabón Dávila
  • Nicolas Pagán
  • Pedro Pagán
  • Tomas Ramírez
  • José Vicente del Toro
  • Juan Font y Soler
  • Bachiller Antonio Vélez
  • Roque de Torres
  • Pedro Tomás de Córdoba, secretario del capitán general de Puerto Rico (autor de las Memorias geográficas, históricas, económicas y estadísticas de la isla de Puerto Rico, 1833)
Certificación de la copia del acta de cabildo

Análisis de los Vínculos de Parentesco y Omisiones Documentales

La relación entre Bernardo Pabón Dávila y Roque Pagán

El acta de cabildo fundamentó la nulidad de la elección de Bernardo Pabón Dávila basándose en un segundo grado de afinidad con el regidor tercero, Don Roque Pagán. Este vínculo se originaba a través de la primera esposa de Bernardo, Doña Luisa Pagán, quien era prima hermana de Don Roque (ambos nietos del tronco común formado por Don Félix Pagán y Doña María Mencia Martínez de Espinosa).

Como dato significativo del estrecho tejido social de la época, consta que Don Bernardo y Doña Luisa no solo eran parientes de Don Roque, sino que fungieron como testigos en su boda con Doña María del Carmen Pagán. Lo anterior revela una omisión deliberada o accidental en el acta de cabildo: Doña María del Carmen era hermana de Doña Luisa, lo que establecía entre Don Roque y Don Bernardo un primer grado de afinidad (cuñados), un vínculo legalmente mucho más restrictivo que el segundo grado consignado.

Asimismo, existían otros vínculos de parentesco no declarados en el documento oficial:
Relación de Tío-Sobrina por afinidad: En segundas nupcias, Don Roque Pagán casó con Doña María Antonia Pabón Dávila, sobrina de Don Bernardo, lo que añadía una nueva capa de interconexión familiar.

Redes de Poder y el Grupo de Electores

Para comprender cómo un reducido grupo de familias controlaba el escenario político de Cabo Rojo en 1821, es imperativo examinar la composición del cuerpo electoral. El poder se concentraba principalmente en dos linajes:

La Familia Pagán: Este clan ejercía un control predominante a través de las ramas descendientes de los hermanos Don José Miguel Pagán (casado con Doña Francisca Ramírez de Arellano) y Don Domingo Pagán (casado con Doña Bernabela Irizarry). De estas líneas emanaban tanto los candidatos impugnados como gran parte de los electores.

Los Ramírez de Arellano: Se identifica también la presencia activa de los descendientes del fundador del pueblo, Don Nicolás Ramírez de Arellano, consolidando un bloque de poder histórico y económico.

Este análisis preliminar de las relaciones de las que tenemos registro sugiere que, si profundizamos en las redes de consanguinidad del resto de los electores, es muy probable que encontremos un entramado familiar aún más denso y complejo.

Electores:

  • Don Alonso Vélez
  • Don José Teodoro Montalvo
  • Don Antonio Irizarry
  • Don Bartolomé Bonilla (su esposa Micaela de Torres era prima hermana del elector Don Roque de Torres)
  • Don Bernardo Pabón Dávila
  • Don Nicolás Pagán (hermano de Don Roque Pagán). Primo hermano de Doña Luisa Pagán esposa de Don Bernardo Pabón Dávila, primo hermano del elector Don Domingo Pagán, primo hermano de Doña María del Carmen Pagán, esposa de Don Roque Pagán)
  • Don Pedro Pagán
  • Don Tomás Ramírez (de Arellano) (hijo del fundador de Cabo Rojo, Don Nicolás Ramírez de Arellano), nos inclinamos por este, ya que fue también alcalde. Hay otro Tomás, hijo de Don Juan y Doña María Dominga Pagán (hija de Don Félix Pagán y Doña María Mencia Martínez de Espinosa). Hay otro Tomás, hijo de Don Pedro Ramírez de Arellano y Doña Margarita López de Victoria. 
  • Presbítero Don José Vicente del Toro (hijo del elector Don Manuel del Toro)
  • Don Juan Font y Soler
  • Padre cura Don Antonio Vélez
  • Don Roque de Torres (primo hermano de la esposa de Don Bartolomé Bonilla)

No estuvieron presentes por estar enfermos o por estar ausentes 

  • Don Manuel del Toro (padre del presbítero José Vicente del Toro)
  • Don Román López de Victoria
  • Don Manuel Ramírez (hay un Manuel, hijo de Tomás Ramírez de Arellano, nieto de Nicolás Ramírez, fundador de Cabo Rojo, puede ser este). 
  • Don Domingo Pagán (hermano de Doña Luisa Pagán, esposa de Don Bernardo Pabón Dávila; hermano de Doña María del Carmen Pagán, esposa de Don Roque Pagán, y primo hermano de Don Roque Pagán)

Conclusión

El cabildo de Cabo Rojo de 1821 muestra con particular claridad cómo el parentesco estructuraba no solo la vida familiar, sino también los mecanismos formales de gobierno local. La afinidad entre Don Bernardo Pabón Dávila y Don Roque Pagán, reconocida en el acta como causa suficiente para invalidar una elección, fue solo una de varias conexiones familiares presentes en el cuerpo electoral.

Al presentar de manera explícita estas consanguinidades y afinidades —incluidas aquellas que no fueron consignadas en el documento—, este trabajo busca servir tanto a la historia social como a la investigación genealógica contemporánea, ofreciendo a descendientes de estas familias información documentada para continuar reconstruyendo las trayectorias, alianzas y ramificaciones de los linajes de Cabo Rojo y del suroeste de Puerto Rico.

Reconociendo que la genealogía es una disciplina de construcción colectiva, queda abierta la invitación a quienes identifiquen a estos ancestros en sus árboles familiares para que provean información adicional. El objetivo es completar las intrincadas relaciones familiares que definieron el ejercicio del poder local en Cabo Rojo durante el siglo XIX.

Fuentes:

  • Archivo General de Puerto Rico, 
    • Fondo Gobernadores Españoles, Municipalidades, Cabo Rojo, Caja 418, Acta del 31 de enero de 1821
    • Fondo Gobernadores Españoles, Serie Justicia, caja núm. 336
  • Archivo Parroquial San Miguel Arcángel de Cabo Rojo
    • Libro primero de matrimonios
    • Libro segundo matrimonios
  • Archivo Parroquial San Germán Auxerre de San Germán
    • Libro primero de matrimonios

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jueves, 26 de febrero de 2026

Cuando todos eran parientes, Parte 1: Usando las actas del cabildo de San Germán (1814) para descifrar parentescos

Por César A. Zapata Lozada

En el blog anterior relacionado a los padres de Don Ramón Ramírez de Arellano vimos como las familias principales del suroeste de Puerto Rico estaban unidas por densas redes de parentesco que estructuraban la vida social, económica y política de la región. En este blog estudiamos esas redes presentadas explícitamente en las reuniones del cabildo de San Germán del 28 de marzo de 1814 y del 4 de abril de 1814.  

Esperamos que al presentar las consanguinidades y afinidades documentadas en estas actas ayude a descendientes de estas familias —Rivera, Ramírez de Arellano, Quiñones, Toro, Vélez, Pabón, Nazario, Sepúlveda, entre otras— a utilizarlas como puntos de partida para continuar sus propias investigaciones genealógicas.

Lo ocurrido en San Germán en la primavera de 1814 demuestra que, en una sociedad pequeña y altamente interconectada, incluso un decreto de las Cortes de Cádiz podía chocar con la realidad cotidiana: cuando todos eran parientes, elegir autoridades “imparciales” se convertía en una tarea casi imposible.

La primera reunión: cuando el parentesco salió a la luz

El 28 de marzo de 1814, reunidos en cabildo extraordinario, los alcaldes, regidores y síndicos de San Germán escucharon la lectura de un decreto de las Cortes de Cádiz que ordenaba presentar los parentescos de los capitulares del cabildo. Lo que siguió no fue una discusión abstracta sobre normas jurídicas, sino una exposición pública, uno por uno, de las relaciones familiares que unían a los propios capitulares.

Cabildo del 28 de marzo de 1814
Cabildo del 28 de marzo de 1814

El cabildo estaba integrado por:

Alcaldes

  • Don Felipe de Quiñones (alcalde primero)
  • Don Manuel Esteban de Rivera (alcalde segundo)

Regidores

  • Don Manuel del Toro
  • Don José Pabón Dávila
  • Don José Ramírez de Arellano
  • Don Silverio de Lugo
  • Don Ramón Ramírez de Arellano
  • Don José Miguel Nazario
  • Don Juan Manuel Vélez Borrero
  • Don Domingo del Postigo

Síndicos procuradores

  • Don José Miguel Vélez Borrero
  • Don Domingo Ramírez (de Arellano)

A partir de ese momento, el acta se transforma casi en un registro genealógico colectivo. A continuación se presentan, de forma narrativa pero sistemática, todas las consanguinidades y afinidades identificadas, indicando cuando alguna relación permanece incompleta o pendiente de confirmación.

Las redes familiares del primer cabildo

Don Manuel Esteban de Rivera

Casado con Doña Ana Petrona del Toro Nazario

Manuel Esteban fue el primero en exponer sus vínculos y, con ello, reveló cómo su propia familia estaba entrelazada con el resto del ayuntamiento. Era primo hermano de Don Ramón Ramírez de Arellano, pues la madre de Ramón era hermana de Sebastián de Rivera, padre de Manuel Esteban, ambos hijos de Antonio de Rivera y Margarita de Torres.

Por afinidad, era cuñado de Don Domingo Ramírez de Arellano, casado con su hermana Dionisia de Rivera. Además, tenía afinidad de segundo grado con Don Domingo del Postigo, ya que su esposa, María Florentina de Rivera , era prima hermana de Manuel Esteban.

Don José Miguel Nazario 

Estaba emparentado en segundo grado de afinidad con Don Manuel Esteban Rivera, ya que su esposa era prima hermana de este último. José Miguel contrajo matrimonio en San Germán el 10 de mayo de 1786 con Doña Antonia de Sepúlveda, hija de Don Francisco Antonio de Sepúlveda y Doña María de Montalvo. Por su parte, Don Manuel Esteban era hijo de Don Sebastián de Rivera y Doña Ana de Sepúlveda, lo que permite establecer que Doña Antonia de Sepúlveda y Don Francisco Antonio de Sepúlveda eran hermanos, y que, por tanto, la esposa de José Miguel Nazario era prima hermana de Manuel Esteban Rivera. Aunque no mencionado en el acta de cabildo, tenían también un tercer grado de afinidad por la esposa de Don Manuel Esteban, Doña Ana Petrona del Toro, hija de Don Juan del Toro y Doña Josefa Nazario de Figueroa. Y por último, aunque tampoco está mencionado, Don José Miguel Nazario y Don Manuel Esteban de Rivera tenían un tercero con cuarto grado de consanguinidad. 

También aparece una relación similar con Don Manuel del Toro,  probablemente primo hermano de su esposa, Ana Petrona del Toro Nazario, aunque esta conexión no ha podido descifrarse por completo.

Don Manuel del Toro

Manuel del Toro estaba ligado a los Rivera tanto por afinidad como por consanguinidad. Por afinidad, tenía segundo grado con Don Manuel Esteban de Rivera. Por consanguinidad, era primo segundo de Don Domingo del Postigo, pues la abuela de este, Doña Rosa del Toro y Quiñones, debió ser hermana del abuelo de Manuel del Toro.

Don José Pabón Dávila

Hijo de José Rugerio Pabón Dávila y María del Carmen Ramírez de Arellano

José Pabón era sobrino carnal de Don Ramón Ramírez de Arellano, al ser hijo de su hermana María del Carmen Ramírez de Arellano. Además, mantenía tercer grado de consanguinidad con Don Domingo Ramírez, ambos descendientes de Don Antonio Ramírez de Arellano. 

Don José Ramírez de Arellano

(Identidad no confirmada; posiblemente José Vicente Ramírez de Arellano, hijo de Juan Isidro Ramírez de Arellano y María del Rosario de Rivera)

Este José Ramírez de Arellano declaró tercer grado de consanguinidad con Don Ramón Ramírez de Arellano, aunque la relación no aparece mencionada por este último, lo que sugiere que podría tratarse de un vínculo por la línea Rivera, si su identificación es correcta, o por los Ramírez de Arellano. También figura una relación no descifrada con Don Manuel Esteban de Rivera.

Por afinidad, aparece en segundo grado con Don Domingo Ramírez, lo que cuadraría si se trata de José Vicente Ramírez, cuya esposa, Beatriz de Sepúlveda, era prima segunda suya, compartiendo ambos como abuelos a Baltazar de Sepúlveda y Juana Ramírez de Arellano.

Don Ramón Ramírez de Arellano

Era primo hermano de Don Manuel Esteban de Rivera y tío carnal de Don José Pabón Dávila. Además, declaró tercer grado de consanguinidad con Don Juan Manuel Vélez Borrero. Si este era hijo de Juan Vélez Borrero y Manuela del Toro Rivera, es muy posible que la relación sea por la línea de los Rivera.

El acta también le atribuye relaciones de tercer grado con Don José Miguel Vélez Borrero y con Don Domingo Ramírez, aunque en ambos casos los grados no cuadran exactamente y probablemente se trate de relaciones mixtas de segundo con tercero.

Don Domingo del Postigo

Casado con Doña María Florentina de Rivera

Domingo del Postigo estaba vinculado a la familia Rivera por matrimonio: su esposa María Florentina era prima hermana de Manuel Esteban de Rivera. Por ello tenía afinidad de segundo grado con Manuel Esteban, con Don Domingo Ramírez y con Don Ramón Ramírez de Arellano.

Por consanguinidad, Domingo del Postigo era primo segundo de Don Manuel del Toro, por la línea de Doña Rosa del Toro y Quiñones.

Don Juan Manuel Vélez Borrero

Casado con Rosa Ramírez de Arellano e hijo de Juan Vélez Borrero y Manuela del Toro Rivera

Juan Manuel era primo hermano de Don José Miguel Vélez Borrero, pues ambos eran nietos de Domingo Vélez Borrero y Rosa de la Seda. Por afinidad, además, estaba unido a este último por matrimonio, ya que José Miguel había casado con su hermana Petrona Vélez Borrero del Toro.

El acta menciona también una relación con Don Domingo Ramírez, aunque el grado consignado no cuadra exactamente y podría tratarse de un tercer grado o de una relación mixta por los del Toro.

Don José Miguel Vélez Borrero

Además de ser primo hermano y cuñado de Juan Manuel Vélez Borrero, José Miguel aparece con una relación de tercer grado de consanguinidad con Don Ramón Ramírez de Arellano, aunque nuevamente el grado exacto no parece corresponder con lo que muestran otras fuentes, lo que sugiere un parentesco mixto de segundo con tercero.

Don Domingo Ramírez (de Arellano)

Casado con Doña Dionisia de Rivera, hermana de Manuel Esteban de Rivera

Domingo Ramírez era cuñado de Manuel Esteban de Rivera. Por afinidad, tenía segundo grado con Don Domingo del Postigo y con Don Ramón Ramírez de Arellano, si se confirma que la madre de este último era María de Rivera, hermana de Sebastián y Ramón de Rivera.

Por consanguinidad, Domingo Ramírez mantenía tercer grado con Don José Pabón Dávila, ambos descendientes de Don Antonio Ramírez de Arellano. También figura una relación no resuelta con Don Juan Manuel Vélez Borrero.

Don José Miguel Nazario

Ver explicación de Don Manuel Esteban de Rivera arriba.

Don Felipe de Quiñones

Como alcalde primero, Don Felipe de Quiñones, al parecer, no estaba obligado a exponer sus parentescos y por ello no aparecen en el acta. Sin embargo, por su inserción en las redes Quiñones–Toro–Rivera, es probable que mantuviera vínculos dentro del cuarto grado o superiores con varios capitulares, aunque no documentables con certeza en este momento.

Don Silverio de Lugo

No se registran relaciones de parentesco entre Don Silverio de Lugo y otros miembros del cabildo en estas actas.

Firma de los capitulares
Firma de los capitulares, 28 de marzo de 1814

La segunda reunión: una nueva elección, nuevos vínculos

(4 de abril de 1814)

Acta de Cabildo del 4 de abril de 1814.
Acta de cabildo del 4 de abril de 1814.

Ante la acumulación de impedimentos, el cabildo decidió repetir la elección apenas una semana después. El nuevo cuerpo quedó compuesto por:

Alcaldes

  • Don Felipe de Quiñones (alcalde primero)
  • Don José Jusino (alcalde segundo, nuevo)

Regidores

  • Don Manuel del Toro
  • Don José Pabón Dávila
  • Don Silverio de Lugo
  • Don Luis García (nuevo)
  • Don Pedro de Sepúlveda (nuevo)
  • Don José Antonio de Torres (nuevo)
  • Don Juan Manuel de la Seda (nuevo)

Síndicos

  • Don José Miguel Vélez Borrero
  • Don José de Silva (nuevo)

Pero el intento de renovación tropezó de inmediato con el mismo obstáculo: los nuevos electos también estaban relacionados entre sí.

Las redes familiares del segundo cabildo

Don Juan Manuel de la Seda

Juan Manuel de la Seda declaró tener un segundo o tercer grado de consanguinidad —el acta muestra una corrección que es difícil de descifrar, si era segundo o tercero— con Don José Miguel Vélez Borrero. Este último era hijo de José Vélez Borrero, nieto de Domingo Vélez Borrero y de Rosa de la Seda. Si el parentesco era de tercer grado de consanguinidad, entonces Rosa de la Seda debió ser hermana del abuelo de Juan Manuel de la Seda.

También declaró tener un segundo o tercero (difícil de leer por la corrección) Don José de Silva y con Don José Pabón Dávila, que permanecen abiertas a investigación. Entendemos que puede ser de tercer grado de consanguinidad si la de Don José Miguel Vélez Borrero mencionada arriba cuadra con esta. 

Don José Jusino

Don José Jusino declaró tercer grado de consanguinidad con Don Pedro de Sepúlveda, aunque la línea exacta no ha podido identificarse.

Cuando la ley no cabía en el pueblo

Tras esta segunda elección, los capitulares reconocieron lo que ya resultaba evidente: en un pueblo donde las principales familias "blancas y aun muchos europeos avecindados" estaban tan entrelazadas, resultaba prácticamente imposible formar un ayuntamiento libre de parentescos.

La solución fue pragmática: mantener el cabildo electo, aceptando implícitamente que la normativa metropolitana no podía aplicarse sin paralizar la administración local. El episodio deja ver, con una claridad poco común, cómo las estructuras familiares condicionaban el ejercicio efectivo del poder municipal.

Firmas del cabildo del 4 de abril de 1814
Firmas del cabildo del 4 de abril de 1814

Conclusión

Las dos sesiones del cabildo de San Germán en 1814 no solo documentan un intento de cumplir una disposición legal. Funcionan también como una radiografía social excepcional, en la que el archivo municipal se transforma en un mapa genealógico colectivo.

Al reunir y presentar estas consanguinidades y afinidades —incluyendo las que aún no han podido resolverse—, este trabajo busca servir tanto a la historia social como a la investigación genealógica contemporánea, permitiendo que descendientes de estas familias continúen reconstruyendo las trayectorias, alianzas y ramificaciones de estos linajes del suroeste de Puerto Rico.

¿Aparece alguno de estos nombres en tu árbol genealógico? ¡Cuéntame en los comentarios!

Fuentes:

  • Dennis de Jesús Rodríguez. “Los Nazario de Figueroa de San Germán, explorando su posible origen,” Hereditas 11, núm. 2 (2010): 66-78.
  • De Jesús Rodríguez, Dennis. Fundación de Mayagüez, Antecedentes históricos y proceso de fundación, Los Martínez de Matos Espinosa, Vecinos fundadores, Mayagüez: n.p., 2021.
  • De Jesús Rodríguez, Dennis. Don Antonio Ramírez de Arellano, corregidor de San Germán. Estudio biográfico y genealógico de los Ramírez de Arellano del antiguo partido de San Germán, Mayagüez: n.p., 2020. 

Libro Parroquiales

  • Archivo Parroquial San Germán Auxerre de San Germán
    • Libro primero de matrimonios
    • Libro quinto de matrimonios
    • Libro sexto de matrimonios
    • Libro noveno de matrimonios
    • Libro undécimo de matrimonios
  • Archivo Parroquial San Miguel Arcángel de Cabo Rojo, 
    • Libro segundo de matrimonios
    • Libro tercero de matrimonios

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