jueves, 22 de enero de 2026

Las Actas de Cabildo como Fuente para la Investigación Genealógica: El Caso de la Paternidad de Ramón Ramírez de Arellano (San Germán, 1814)

Por César A. Zapata Lozada

Cuando los documentos administrativos revelan secretos familiares

Como genealogistas, desarrollamos ciertos hábitos de investigación. Buscamos partidas de bautismo, registros matrimoniales, testamentos y censos. Raramente pensamos en consultar otros documentos, como las actas de cabildo, para resolver enigmas familiares. Sin embargo, a veces la respuesta a nuestras preguntas genealógicas se encuentra en lugares menos esperados.

Este es el relato de cómo un decreto de las Cortes de Cádiz de 1813 y una declaración administrativa de 1814 resolvieron un misterio que los registros parroquiales tradicionales no pudieron resolver: la identidad de los padres de Don Ramón Ramírez de Arellano.

El enigma de Don Ramón

Don Ramón Ramírez de Arellano fue una figura prominente en San Germán durante las primeras décadas del siglo XIX. Nació aproximadamente en 1760. Participó activamente en el cabildo municipal, se casó dos veces con miembros de la poderosa familia Quiñones de San Germán, y sus hijos establecieron importantes alianzas matrimoniales en la región. Sin embargo, su origen presentaba un misterio frustrante.

Firma de Don Ramón Ramírez de Arellano
Firma de Don Ramón Ramírez de Arellano

Don Ramón estaba casado en primeras nupcias con Doña Rosa de Quiñones y en segundas nupcias con Doña Apolonia de Quiñones, viuda de Don Roque Crespo.

Su acta matrimonial de 1829 con Doña Apolonia de Quiñones revelaba un dato crucial: Don Ramón era natural de Mayagüez. Pero los registros parroquiales de Mayagüez no contenían su partida bautismal, y las búsquedas en Mayagüez no habían dado resultados concluyentes. ¿Quiénes eran sus padres? ¿Cómo se insertaba en el extenso árbol genealógico de los Ramírez de Arellano de Puerto Rico?

Un decreto cambia las reglas del juego

El primero de marzo de 1813, las Cortes de Cádiz emitieron un decreto que cambiaría la forma en que se organizaban los ayuntamientos. El gobernador y capitán general de Puerto Rico distribuyó el decreto a todos los ayuntamientos de la isla, exigiendo su "debido y puntual cumplimiento". Esto significaba que los miembros del cabildo debían declarar sus parentescos. Algunos parentescos entre los miembros del cabildo estaban prohibidos. En San Germán, esto significó que en su sesión del 28 de marzo de 1814, todos los miembros del cabildo debían declarar formalmente sus parentescos con los demás capitulares.

La sesión extraordinaria del 28 de marzo de 1814

Imagínese la escena: la sala capitular de San Germán, ese día de marzo. El alcalde primero, Don Felipe de Quiñones, preside. Los regidores y síndicos procuradores están presentes: Manuel Esteban de Rivera, Manuel del Toro, José Pabón Dávila, José Ramírez de Arellano, Silverio de Lugo, Ramón Ramírez de Arellano, Miguel Nazario, Juan Manuel Vélez Borrero, Domingo del Postigo, y los síndicos procuradores José Miguel Vélez Borrero y Domingo Ramírez de Arellano.

Acta Cabildo marzo 1814
Acta de cabildo de sesión extraordinaria del 28 de marzo de 1814

Uno por uno, cada miembro del cabildo declara sus parentescos con los demás. No se trata de declaraciones casuales o informales. Estas son afirmaciones legales, hechas ante escribano, que formarían parte del registro oficial del municipio. La precisión era esencial: errores o falsedades podrían resultar en la invalidación de su participación en el cabildo.

La clave: una simple declaración de parentesco

Entre las numerosas declaraciones de ese día, una sobresale por su simplicidad y su poder revelador:

Don José Pabón Dávila declara ser sobrino carnal de Don Ramón Ramírez de Arellano.

Declaración de sobrino carnal de Don Ramón Ramírez de Arellano

Esta frase, aparentemente simple, contiene la respuesta al enigma genealógico.

Desentrañando la lógica

En la terminología genealógica de la época, "tío carnal" y "sobrino carnal" tienen un significado preciso e inequívoco: se refiere a la relación entre un hermano del padre o de la madre y el hijo de ese hermano. No hay ambigüedad, no hay interpretación alternativa.

Si Ramón Ramírez de Arellano es tío carnal de José Pabón Dávila, entonces Ramón debe ser hermano del padre o de la madre de José.

La siguiente pregunta lógica es: ¿Quiénes eran los padres de José Pabón Dávila?

El acta matrimonial de 1759: la pieza que faltaba

La búsqueda en los registros parroquiales de San Germán revela el acta matrimonial de los padres de José:

7 de mayo de 1759: Don José Rogelio Pabón Dávila contrajo matrimonio con Doña María del Carmen Ramírez de Arellano.

El acta claramente dice que Doña María del Carmen era hija de Don Francisco Ramírez de Arellano y Doña María de Rivera.

La conclusión inevitable

La lógica es evidente:

  1. Ramón Ramírez de Arellano es tío carnal de José Pabón Dávila (Acta de Cabildo, 1814).
  2. José Pabón Dávila es hijo de María del Carmen Ramírez de Arellano (Acta matrimonial de José, 1806, y la de sus padres, 1759).
  3. María del Carmen Ramírez de Arellano es hija de Francisco Ramírez de Arellano y María de Rivera (Acta matrimonial, 1759).
  4. Por tanto: Ramón Ramírez de Arellano es hermano de María del Carmen Ramírez de Arellano.
  5. Conclusión: Los padres de Ramón Ramírez de Arellano son Francisco Ramírez de Arellano y María de Rivera.

Otras evidencias corroborativas


Este descubrimiento no existe en el vacío. Aunque hay más evidencias corroborativas en las consanguinidades y afinidades encontradas en el acta de cabildo, presentamos aquí las evidencias que entendemos apoyan esta conclusión de la forma más simple:

El origen en Mayagüez: Aunque Don Ramón reside en San Germán, el acta de su segundo matrimonio en 1829 con Apolonia de Quiñones declara que es natural de Mayagüez. Don Francisco Ramírez de Arellano y Doña María de Rivera eran residentes de Mayagüez y jugaron un papel importante en la fundación del pueblo. Don Francisco fue uno de los fiadores que acompañaron a Don Faustino Martínez de Matos, el 23 de agosto de 1760, para la fundación del pueblo de Mayagüez. Esto explica por qué Don Ramón aparece como "natural de Mayagüez" en su acta matrimonial de 1829.

La Conexión Rivera: La relación de Don Ramón con Don Manuel Esteban de Rivera (Alcalde Segundo) confirma su rama materna, ya que se declara un segundo grado de consanguinidad (primos hermanos) entre ambos. La ascendencia de Don Manuel Esteban: Su padre fue Don Sebastián de Rivera, hijo de Don Antonio de Rivera y Doña Margarita de Torres. Deducción Lógica: Para que Don Ramón y Don Manuel Esteban sean primos hermanos por la línea Rivera, la madre de Don Ramón, Doña María de Rivera, tiene que ser hermana de Don Sebastián de Rivera. Esto sitúa a Don Antonio de Rivera y Doña Margarita de Torres como los abuelos maternos de Don Ramón.

Relación con Don Domingo del Postigo:  Don Domingo declaró segundo grado de afinidad lícita con Don Ramón Ramírez de Arellano. Don Domingo estaba casado con Doña María Florentina Rivera Sepúlveda, hija de Don Ramón de Rivera y Doña María de los Ángeles Sepúlveda. Si el padre de Doña María Florentina (Don Ramón de Rivera) y el padre de Don Manuel Esteban de Rivera (Don Sebastián de Rivera) eran hermanos, y si Doña María de Rivera (madre de Don Ramón Ramírez de Arellano) también era hermana de estos, entonces la esposa de Don Domingo del Postigo sería prima hermana de Ramón Ramírez de Arellano, lo cual produciría exactamente el segundo grado de afinidad lícita declarado.

Reconstrucción del Grupo de Hermanos (Padrinazgos y Dispensas)

El análisis de los libros de bautismo de Mayagüez y dispensas de San Germán revela un patrón de padrinazgos típico de ayuda mutua entre hermanos:
  1. Don Francisco Ramírez (hijo): Una dispensa de matrimonio (Dispensa de Matrimonio de Don José Regino Ramírez y Doña María Pilar del Toro, AHASJ, San Germán, Caja 109) afirma que Don Ramón y Don Francisco Ramírez eran "hermanos de primer grado".
  2. Don Francisco Ramírez (hijo) casado con Doña María Telesfora Pacheco. Tuvieron una hija llamada María que fue bautizada en Mayagüez en 1792. Los padrinos fueron Don Ramón Ramírez y Doña Rosa de Quiñones. Don Francisco, como sabemos, era hermano de Don Ramón basado en el tercer grado de consanguinidad entre Don José Regino Ramírez de Arellano y Doña María del Pilar de Toro.
  3. Don Francisco Ramírez (hijo) casado con Doña María Telesfora Pacheco. Tuvieron una hija llamada María que fue bautizada en Mayagüez en 1794. Los padrinos fueron Don Ramón Ramírez y Doña Rosa de Quiñones.
  4. Don Juan Ramírez: casado con Doña Baltazara Crespo, posible hijo de Don Francisco y Doña María de Rivera. Don Ramón aparece como padrino de Anselmo, hijo de Don Juan y Doña Baltazara, en 1782. 
  5. Don Juan Ramírez y Doña Baltazara Crespo aparecen apadrinando a María Trinidad, hija de Francisco Ubiñas y Doña María Andrea Ramírez. Fue bautizada en Mayagüez en 1783. Don Juan es otro posible hermano de Doña María Andrea y Don Ramón.
  6. Don Ramón se casó en segundas nupcias con Doña Apolonia de Quiñones, viuda de Don Roque Crespo, quien era hermano de Doña Baltazara Crespo, esposa de Don Juan Ramírez, posible hermano de Don Ramón.
  7. Doña María Andrea Ramírez: Identificada como hija de Don Francisco y Doña María de Rivera en su matrimonio con Francisco de Obiña en 1782. Don Juan Ramírez apadrinó a sus hijos en 1783 y 1784. Don Ramón y su esposa Doña Rosa de Quiñones apadrinaron a una hija de Doña María Andrea en 1791. 
  8. Doña Ana Ramírez: Identificada como hija de Don Francisco y Doña María de Rivera en su matrimonio con Pablo Puyol en 1781. Don Ramón y su esposa Doña Rosa de Quiñones apadrinaron a su hija Rosa en 1795.
Don Ramón Ramírez y Doña Rosa de Quiñones aparecen consistentemente como pareja actuando como padrinos desde 1790 hasta al menos 1795. Ellos apadrinan a hijos de otros Ramírez de Arellano, incluyendo posibles sobrinos. Estos son patrones de padrinazgo típicos de familias extensas en donde hermanos se apoyan mutuamente apadrinando a sus sobrinos, mientras los padres apadrinan a los nietos.

Resolución de Aparentes Discrepancias


En el matrimonio de Don José Cipriano Ramírez (hijo de Don Ramón y Doña Rosa) celebrado en 1827, el acta consigna que los contrayentes tenían un tercer con cuarto grado de consanguinidad con su esposa, Doña María Dolores Pabón Dávila. Cuando se reconstruyen los ancestros de María Dolores, este grado encaja con precisión matemática y demuestra que Don Antonio Ramírez de Arellano fue el tronco común del parentesco.

Ahora bien, el matrimonio de su hermano Don Pedro Ángel Ramírez con Doña María Antonia Pabón Dávila en 1815 declara únicamente cuarto grado de consanguinidad, mientras que el de Don José Cipriano (1827) consigna correctamente tercer con cuarto grado. Esta diferencia no refleja una estructura genealógica distinta, sino muy probablemente un error del escribano, ya que se trata del caso clásico de dos hermanos que se casan con dos hermanas, lo que necesariamente produce el mismo grado de consanguinidad en ambos matrimonios.

Sabemos que el grado consignado en el matrimonio de Don José Cipriano es el correcto porque es el que cuadra exactamente con todas las demás consanguinidades documentadas en la familia y con la reconstrucción completa de los linajes Ramírez y Pabón. En genealogía histórica, este tipo de correcciones internas —cuando un documento aislado contradice una red coherente de evidencia— es no solo legítimo, sino metodológicamente necesario.

Otra discrepancia importante es la ausencia de la partida bautismal y del matrimonio de Don Ramón, documentos que no han sido localizados hasta ahora. Sin embargo, esta ausencia es explicable. Los libros bautismales de Mayagüez comienzan en 1761, y todo indica que Don Ramón nació antes de esa fecha, lo cual concuerda con su aparición temprana como padrino en registros parroquiales. En cuanto al matrimonio, es altamente probable que Don Ramón y Doña Rosa se hayan casado en San Germán, pueblo natal de ella, siguiendo la costumbre de la época. Dado que ambos comienzan a figurar como padrinos hacia 1790, es razonable situar su matrimonio poco antes de esa fecha; lamentablemente, los libros matrimoniales de San Germán correspondientes a esos años están perdidos o no son accesibles.

La ausencia de estos documentos directos, por tanto, no debilita la conclusión, sino que contextualiza la importancia de las fuentes indirectas. Lejos de invalidar el análisis, la convergencia entre consanguinidades múltiples, relaciones explícitas en actas municipales y redes densas de padrinazgo refuerza la demostración de que Don Ramón Ramírez de Arellano fue hijo legítimo de Don Francisco Ramírez de Arellano y Doña María de Rivera.

Otra posible discrepancia que debe considerarse es la hipótesis de que el Don Ramón Ramírez de Arellano, casado con Doña Rosa Quiñones, no sea el mismo Ramón que aparece en el acta del cabildo. Esta duda es metodológicamente válida, ya que el acta municipal no menciona afinidades matrimoniales ni identifica explícitamente a su esposa, lo que deja abierta, en principio, la posibilidad de que sea otra persona.

Sin embargo, el nombre Ramón Ramírez de Arellano no era común dentro de esta familia. Una búsqueda sistemática en los registros de Mayagüez y San Germán solo revela unos pocos contemporáneos con ese nombre, ninguno de los cuales coincide en edad suficiente para poder ser miembro del cabildo. Más aún, las estructuras de parentesco documentadas para esos otros Ramones no concuerdan con las consanguinidades matrimoniales presentadas en el acta de cabildo. Por tanto, pueden descartarse razonablemente como candidatos alternativos.

Existen además indicios positivos que refuerzan la identificación. El matrimonio con Doña Rosa María de Quiñones, miembro de una de las familias más influyentes de San Germán, habría facilitado el acceso de Ramón a cargos municipales, especialmente si se combinaba con su propio linaje como nieto de don Antonio Ramírez de Arellano. Esta convergencia de capital social y pedigree familiar encaja bien con su aparición documentada como regidor del cabildo.

Por otra parte, tras los bautismos en los que Don Ramón y Doña Rosa aparecen como padrinos entre 1791 y 1795 en Mayagüez, su rastro disminuye en esa jurisdicción, mientras que sus hijos comienzan a contraer matrimonio en San Germán, lo que sugiere un traslado efectivo de residencia, coherente con su posterior actuación política en ese municipio.

Finalmente, el acta matrimonial de su hija Doña María Belén Ramírez de Arellano con Don Gregorio Ramírez de Arellano, celebrada en 1817, identifica explícitamente a su padre como “Don Ramón Ramírez de Arellano, caballero regidor”, y declara que Doña María Belén era hija legítima de Don Ramón y Doña Rosa de Quiñones. Aunque esta referencia no constituye por sí sola una identificación absoluta con el Ramón del cabildo, la coincidencia del título y del periodo temporal le otorga un peso probatorio significativo.

En conjunto, aunque no existe un documento único que declare de forma explícita que ambos Ramones son la misma persona, la convergencia de evidencia negativa (ausencia de candidatos alternativos viables) y positiva (trayectoria social, vínculos familiares, ubicación geográfica y registros sacramentales) permite concluir razonablemente que el Don Ramón Ramírez de Arellano, casado con Doña Rosa de Quiñones, es, efectivamente, el mismo que figura como regidor en las actas del cabildo.

Conclusión


A nuestro entender, la hipótesis de los padres de Don Ramón se considera demostrada dada la convergencia de la declaración de "tío carnal" en el Cabildo, la declaración de primos con los Rivera, la dispensa que menciona que era hermano de Don Francisco Ramírez, y las relaciones de padrinazgo entre Don Ramón y su esposa con hijos de Don Francisco Ramírez de Arellano y Doña María de Rivera. Esto crea un cuerpo de evidencia sólido que minimiza dudas razonables. 

La identificación de Don Francisco Ramírez de Arellano y Doña María de Rivera como padres de Don Ramón Ramírez de Arellano no habría sido posible sin consultar las actas de cabildo de San Germán. Este descubrimiento subraya una verdad fundamental en la investigación genealógica: las respuestas pueden estar en cualquier parte, y los documentos aparentemente mundanos pueden contener las claves de nuestros misterios más persistentes.

El decreto de 1813, diseñado para regular el parentesco en los ayuntamientos, inadvertidamente creó una fuente genealógica extraordinaria. Las declaraciones hechas en cumplimiento de ese decreto, más de dos siglos después, continúan iluminando las conexiones familiares que formaron el tejido social del Puerto Rico colonial.

Para los genealogistas que investigan familias puertorriqueñas del siglo XIX, las actas de cabildo merecen un lugar en su arsenal de fuentes. No son solo documentos administrativos, son ventanas a las redes familiares que definieron el poder y la influencia en nuestros pueblos ancestrales.

¿Aparece alguno de estos nombres en tu árbol genealógico? ¡Cuéntame en los comentarios!

Fuentes Principales

Actas de Cabildo:

Matrimonios:

  • APSGASG, Libro primero de matrimonios
  • APSGASG, Libro quinto de matrimonios 
  • APSGASG, Libro sexto de matrimonios 
  • APSGASG, Libro noveno de matrimonios 
  • APSGASG, Libro undécimo de matrimonios 
  • APSMACR, Libro tercero de matrimonios 
  • APNSCL, Libro primero de matrimonios 
  • APNSCM, Libro tercero de matrimonios 

Bautismos:

  • APNSCM, Libro tercero de bautismos 
  • APNSCM, Libro cuarto de bautismos 
  • APNSCM, Libro quinto de bautismos 

Dispensas:

  • AHASJ, San Germán, Caja 109

Libros

  • De Jesús Rodríguez, Dennis. Fundación de Mayagüez, Antecedentes históricos y proceso de fundación, Los Martínez de Matos Espinosa, Vecinos fundadores, Mayagüez: n.p., 2021.
  • De Jesús Rodríguez, Dennis. Don Antonio Ramírez de Arellano, Corregidor de San Germán. Estudio biográfico y genealógico de los Ramírez de Arellano del antiguo partido de San Germán, Mayagüez: n.p., 2020. 

jueves, 11 de diciembre de 2025

Sangre y Linaje: Limpieza de Sangre de María de la O Soltero (1841)

Por: César A. Zapata Lozada

En la genealogía puertorriqueña a menudo nos encontramos con los mismos apellidos entrelazándose una y otra vez. Estos matrimonios de carácter endogámico, frecuentes en las élites sociales en Puerto Rico, respondían a estrategias de preservación de riquezas y consolidación de redes de poder. Su objetivo era mantener la riqueza concentrada en un reducido grupo de familias y, a la vez, reforzar la idea de “pureza” racial que prevalecía en los discursos sociales de la época.

Aquí analizamos un documento fascinante hallado en el Archivo General de Puerto Rico (Fondo de la Serie Civil, Juzgado de San Germán, Caja 43). Se trata del expediente de Limpieza de Sangre de María de la O Soltero, instruido entre 1841 y 1842. Este legajo no solo nos regala un árbol genealógico, sino que nos abre una ventana a la mentalidad social de nuestros antepasados en San Germán, Cabo Rojo y Sabana Grande.

¿Qué era la “Limpieza de Sangre”?

Antes de entrar en los detalles de la familia Soltero, es vital entender su contexto. En la España colonial y sus territorios, la “Limpieza de Sangre” era un mecanismo legal y social. No se trataba solo de “raza” en el sentido moderno; era una certificación de que una persona no tenía antecedentes de “mala raza” (que en la época incluía a moros, judíos, herejes o penitenciados por la Inquisición) ni mezcla con “mulatos o indios”.

Para las familias de élite, probar esto era indispensable para acceder a cargos públicos, entrar al sacerdocio, o contraer matrimonios estratégicos. En el caso de María de la O, su madre, ya viuda, buscaba acreditar la “pureza de sangre, honestidad y buenas costumbres” de su hija ante la ley para proceder con su matrimonio.

El proceso comenzó en 1841, cuando la madre de María de la O, Doña María del Carmen Segarra, buscaba acreditar la pureza de sangre y honestidad de su hija. Esta tenía que presentar la información a un sindico para que este emitiera su opinión para luego entregar los documentos ante el señor juez letrado de primera instancia del distrito para su aprobación.

El Expediente

El expediente creado para esta "limpieza de sangre" es una joya, no solo porque incluye detalles genealógicos, sino porque también une a tres pueblos del suroeste. La protagonista, María de la O Soltero, fue bautizada en Sabana Grande, pero sus raíces se extienden hacia Cabo Rojo y San Germán. 

El expediente buscaba impresionar al juez, y para ello, se presenta su genealogía y parientes con cargos de poder e influencia en la región. Para presentar esta información, el expediente incluyó partidas parroquiales certificadas por los parrocos y testigos para confirmar su linaje y “pureza de sangre”. Estos testigos no eran ciudadanos aleatorios; eran capitanes, regidores, y parientes estratégicos de San Germán y Cabo Rojo.

Su Genealogía


El expediente presentó los siguientes datos corrroborados con partidas sacramentales certificadas.
  • Don Mauricio Soltero y Doña María del Carmen Segarra, padres de María de la O, contrajeron matrimonio en Cabo Rojo el 20 de septiembre de 1809. Tenían un tercero con cuarto y un cuarto grado de consanguinidad. 
  • María de la O, fue bautizada en Sabana Grande el 4 de febrero de 1823. Sus padrinos fueron figuras de alto perfil: el capitán de caballería Don Vicente Dávila y Doña María Belén de la Torre, vecinos de la villa de San Germán.
  • Don Mauricio falleció a la edad de 35 años en Sabana Grande el 29 de septiembre de 1824. Su estatus social quedó reflejado incluso en su muerte; fue enterrado en el “Tramo primero” y se pagaron “oficios de entierro doble”, un lujo reservado para las familias pudientes.

Podemos ver que aunque Don Mauricio y Doña María del Carmen se casaron en Cabo Rojo, estos se mudaron a Sabana Grande. Vemos también en el matrimonio de Don Mauricio y Doña María del Carmen que tenían un tercero con cuarto y un cuarto grado de consanguinidad. Esto es porque la madre de Don Mauricio era Doña María Manuela Segarra. Por lo tanto ambos, Doña María del Carmen y Don Mauricio, procedían de una de las familias más antiguas y prominentes de Cabo Rojo, los Segarra.

Aquí desglosamos la genealogía de María de la O según los testigos y partidas presentadas:
  • Padres: Don Mauricio Soltero y Doña María del Carmen Segarra. 
  • Abuelos Paternos: Don Francisco Soltero, natural de la ciudad de Cádiz, España y Doña María Manuela Segarra, natural de Cabo Rojo.
  • Abuelos Maternos: Don Ramón Segarra y Doña María Trinidad García, ambos naturales de Cabo Rojo.

Testigos del Linaje e información proveída

Para probar la "limpieza de sangre" de la joven María de la O, no bastaban los papeles, también se necesitaba la validación social. Su madre presentó a cinco testigos clave, cuyas declaraciones nos ofrecen información sobre el estatus de "blancos y distinguidos" de estas familias. También afirman repetidamente que estas familias eran tenidas por "principales, exentas de mezcla racial y dedicadas a oficios honoríficos". Los testigos debian constestar las siguientes preguntas:

  1. De que conocen a María de la O y sus legitimos padres, y si le aplican las generales de la ley (si tenían parentescos).
  2. Que digan que Maria de la O era hija legitima de Doña María del Carmen Segarra y procedía del legítimo matrimonio de sus padres.
  3. Que manifestaran que su difunto padre Don Mauricio Soltero, fue hijo legítimo de Don Francisco Soltero y Doña Manuela Segarra, y que Don Francisco era natural de la ciudad de Cádiz y la segunda de Cabo Rojo. 
  4. Que expresen que Doña Maria del Carmen era hija de Don Ramón Segarra y Doña María Trinidad García, ambos naturales de Cabo Rojo.
  5. Que declaren como todas estas familias han sido y son habidas, tenidas y reputadas por blanca, distinguidas, y limpias de toda mala raza, obteniendo varios de ellos empleos honoríficos en lo eclesiástico y político, en cuyo destino se hicieron acreedores al mayor aprecio y sus buenas cualidades y virtudes. 
  6. Que aseveren si es constante que la honestidad y buenas costumbres en el pueblo de residencia o fuera del pueblo.
  7. Digan cualquier cosa pública y notoria pública de voz y fama de cuanto más sepan y les conste sobre los temas en la informativa.

Los testigos fueron:

  1. Don Francisco Ortiz de Peña, capitán retirado de las milicias urbanas de San Germán. Dijo tener un tercer grado de consanguinidad con Doña María del Carmen Segarra. Dijo que era natural de la villa de San German, y vecino, casado, de oficio labrador, y de edad de 60 años, y firmo el documento.
  2. Don Jose Antonio de Rivera, dijo que tenía un tercer grado de consanguinidad con Doña María del Carmen Segarra. Dijo que era natural de Cabo Rojo, casado y de oficio labrador, de 48 años de edad y firmo el documento.
  3. Don Pedro Nazario, regidor segundo del ayuntamiento, y declaró que no le tocaban las generales de la ley. Dijo que era casado, labrador, de 45 años y firmo el documento.
  4. Don Joaquin del Toro, soldado distinguido de la 6ta compañía de milicias disciplinadas, y declaró que no le tocaban las generales de la ley. Dijo que era natural de la villa de San Germán, casado, oficio de labrador, de 50 años, y no firmo por no saber hacerlo.
  5. Don Bartolo Ortiz, declaró que no le tocaban las generales de la ley. Dijo ser natural de San Germán, casado, oficio labrador, de 60 años, y firmo el documento. También confirmó por "fuentes fidedignas" el origen europeo del abuelo, natural de Cádiz, y el linaje distinguido de los Segarra, cerrando el círculo de validación sobre el origen peninsular y criollo de María de la O.


A continuacion las personas distinguidas mencionadas por los testigos para afirmar que estas familias eran tenidas por "principales, exentas de mezcla racial y dedicadas a oficios honoríficos":

  1. Don Gerardo García: Fue alcalde ordinario de la villa de San Germán y mayordomo del Santuario de la Monserrate. Padre de Don Luis García, Don Nazario García, y Don Manuel García. (Nota del autor: Don Gerardo provenía de la familia García Pagán, que ya ostentaba cargos militares y politicos en San Germán desde finales del siglo XVIII).
  2. Presbítero Don Nazario García, religioso Franciscano, hermano del presbítero Don Manuel García y tío de Doña María del Carmen Soltero.
  3. Presbítero Don Manuel García, religioso Franciscano, hermano del presbítero Don Nazario García y tío de Doña María del Carmen Soltero. Se mencionó que "se fue a la conquista", sugiriendo participación en misiones de evangelización o militares.
  4. Don Luis García, soldado distinguido del regimiento de milicias y tío de Doña María del Carmen Soltero.
  5. Presbítero Don Francisco Antonio Soltero, vicario interino de San Germán, hermano de Don Mauricio Soltero y tío de María de la O.
  6. Presbítero Don José Dolores del Toro Segarra, primo hermano de Doña María del Carmen.
  7. Don Miguel Segarra, fue sargento mayor del pueblo de Cabo Rojo hasta que falleció. Don Miguel era el abuelo de Don Mauricio. 
  8. Presbítero don Bernardo Segarra. No presentaron mucha información sobre él, solo que estaba relacionado. No pude descifrar como estaba relacionado.

Burocracia Gobernamental

En este caso, el probar la pureza de sangre no fue barato ni sencillo. El proceso sufrió retrasos y multas porque el síndico no utilizó el papel sellado con los sellos requeridos. Un proceso burocrático que todavía sufrimos en el Puerto Rico del siglo XXI. 

El costo final fue considerable, 177 pesos y 13 maravedís. Tras el pago de los costos, las multas, y la entrega de los documentos oficiales en el papel y con los sellos requeridos, el tribunal aprobó finalmente la "limpieza de sangre" el 24 de enero de 1842, asegurando así el futuro social de María de la O Soltero.

Conclusión


El expediente de limpieza de sangre de María de la O Soltero no es simplemente un trámite legal del siglo XIX; es un microcosmos del funcionamiento social, racial y genealógico del suroeste de Puerto Rico durante el periodo colonial Español. A través de partidas sacramentales, testimonios cuidadosamente seleccionados y la movilización estratégica de parientes, milicianos y clérigos, vemos cómo las familias Soltero, Segarra y García articularon su identidad y defendieron su posición dentro de un sistema rígidamente jerarquizado.

Este documento confirma que los linajes principales de Cabo Rojo, San Germán y Sabana Grande no solo compartían espacio geográfico, sino también estrategias familiares: matrimonios endogámicos, participación activa en la milicia y la Iglesia, y un cuidadoso control de la respetabilidad social. La genealogía presentada en el expediente —respaldada por múltiples figuras de autoridad local— demuestra que el honor y el poder se construían colectivamente, y que la reputación de una familia era el resultado de generaciones de oficios, cargos y alianzas.

Además, el proceso burocrático revela una realidad que trasciende el caso específico. La obtención de una limpieza de sangre requería recursos económicos, acceso a redes influyentes y la capacidad de movilizar a personas con prestigio local. No todos podían permitirse tal inversión; por tanto, este tipo de expediente funcionaba también como un filtro social que reforzaba las jerarquías coloniales.

En conjunto, la historia de María de la O Soltero nos permite ver con claridad cómo operaba el entramado social que sostenía las élites criollas del siglo XIX. Al estudiar estos documentos, no solo reconstruimos árboles genealógicos, sino que también comprendemos las tensiones, expectativas y mecanismos de poder que moldearon a nuestras comunidades. Su expediente se convierte así en una pieza clave para entender cómo nuestros antepasados se movían dentro de un mundo donde el linaje, la honra y la percepción pública podían determinar el futuro de toda una familia.


Fuentes:

Archivo General de Puerto Rico, Fondo de la Serie Civil, Juzgado de San Germán, Caja 43. Limpieza de Sangre de María de la O Soltero. Legajo primero, Número 33, 1842.

Ceballos, F. C., y Álvarez, G. (2011). “La genética de los matrimonios consanguíneos”. Dendra Médica, Revista de Humanidades 10, Núm. 2 (2011): 160–176.

Otras publicaciones del autor (disponibles en Amazon):

lunes, 20 de octubre de 2025

Ecos del Archivo: Desvelando las Historias de la Rebelión de San Germán de 1711

Un viaje a través de los Legajos: Algunos rostros detrás de la lucha por los derechos y privilegios de San Germán.

Por César A. Zapata Lozada

El periodo comprendido entre 1701 y 1712 en Puerto Rico no fue una época de calma. Fue el escenario de un profundo pulso de poder entre San Juan y San Germán que algunos historiadores llaman la Rebelión de San Germán. Queremos ir más allá de las fechas y los hechos, y sumergirnos en las vidas de los hombres y mujeres que protagonizaron este desafío a la autoridad central, basándonos en documentos de la época.

Lo que presentamos se nutre de la investigación directa de los legajos del Archivo General de Indias, específicamente de la Escribanía de Cámara, 9A1, el 137 y Santo Domingo, Legajo 2295. Quiero expresar mi más sincero agradecimiento al Dr. Antonio Sotomayor Carlo por compartir uno de estos valiosos legajos y a Kevin Villamil por su crucial ayuda en la investigación. Aquellos que deseen una visión más profunda del tema, tienen excelentes referencias en las publicaciones del Dr. Francisco Moscoso y Francisco Lluch Mora.

El origen del conflicto: Un privilegio de 1590

La mecha de esta "rebelión" fue encendida por un derecho antiguo. En 1590, la Audiencia de Santo Domingo había concedido a la Villa de San Germán unos privilegios que limitaban el poder del Gobernador de Puerto Rico. Uno de los más importantes era que no se podía obligar a los vecinos de San Germán a prestar servicios en San Juan, excepto en caso de ataque inminente, y que, aun así, no podían ser retenidos por más tiempo del necesario ni empleados en otros menesteres.

Este derecho generó roces constantes con los gobernadores, pero el conflicto escaló durante la administración de los gobernadores Gutiérrez de la Riba (conocido como "el terrible") y, posteriormente, Francisco Danio Granados.

La chispa de 1711

En 1711, el Gobernador Danio Granados, creyendo inminente un ataque inglés, ordenó a los milicianos de los partidos de la isla—incluyendo San Germán, Aguada, Arecibo, Ponce y Coamo—reportarse en San Juan.

La escuadra de San Germán, sin embargo, hizo un acto de desafío rotundo: al llegar cerca de San Juan y no ver barcos enemigos, decidieron regresar a su villa, negándose a entrar en San Juan. En este punto, la resistencia se convirtió en una abierta rebeldía, y es aquí donde entran en escena nuestros personajes.


Rostros de la Resistencia: Personajes de 1711

Muchos de estos nombres no son desconocidos; de hecho, aparecen en los árboles genealógicos de muchas familias del suroeste, demostrando que la historia de Puerto Rico es, también, una historia de familia.

1. Los Cautelosos: La Familia Ramírez de Arellano

En los legajos aparece el capitán Antonio Ramírez de Arellano, de 58 años en 1711, una edad avanzada para la época. Aquejado por "achaques del lomo" debido a una caída de caballo, excusaba su asistencia a San Juan para dar informes o presentarse ante el gobernador. Sus hijos, Baltazar (Sargento Mayor y Alcalde Ordinario), Sebastián, Andrés y Juan, también figuran.

  • Dilema de Influencia: Si bien el gobernador los menciona con cautela, señalando que los capitulares de San Germán "son todos familias", los Ramírez de Arellano parecen haber mantenido una posición cautelosa y neutral. Se dedicaban a diligenciar las órdenes del gobernador y enviar información, buscando, a mi parecer, conservar su influencia tanto ante la autoridad central como entre los ciudadanos rebeldes de la Villa.

2. El Motor de la Rebeldía: Sebastián González de Mirabal (y su familia)

Aunque la historia de esta familia merece una novela, no podemos obviar el papel de Sebastián González de Mirabal, a quien podríamos considerar el motor inicial de la rebeldía. Su esposa, María Verdugo Segarra, y su hijo, el clérigo Manuel Francisco de Mirabal, también jugaron roles protagónicos que les causaron grandes penalidades. ¡Dejaremos la epopeya de los Mirabal para otra ocasión!

3. Los Pagán: La llama de la instigación

Los Pagán, ancestros de gran parte de las familias del suroeste y presentes en la zona desde mediados del siglo XVII, participaron activamente en la instigación de la rebelión.

  • Rafael Santiago Pagán (ca. 1660): Notario público, ex-alcalde ordinario, dueño de modestos bienes y, según los documentos, una persona apasionada y de mando. Rafael fue uno de los principales instigadores de la rebeldía, afirmando que los milicianos estaban amparados por una cédula real. Junto a su sobrino, Manuel García Pagán, y Cristóbal de Lugo, redactó un memorial pidiendo protección a la Audiencia de Santo Domingo.

  • Manuel García Pagán (ca. 1680): Procurador general de San Germán y sobrino de Rafael. Participó activamente en la instrucción de los milicianos y en la planificación de un viaje a Santo Domingo.

  • Juan Felipe Pagán (ca. 1670): Ayudante y miliciano de San Germán y pariente de Rafael con un "tercero con cuarto grado de consanguinidad", un ejemplo claro de cómo el poder local se concentraba en familias entrelazadas.

  • Gerardo Pagán: Figura breve, incluido en la lista de los milicianos rebeldes fugados.

El Épico Viaje y la Captura

Rafael y Manuel, junto a otras nueve personas—incluyendo al joven Francisco de Torres de Figueroa (quien se unió al viaje con la intención de pagar una promesa a la Virgen de la Altagracia en Higüey)—, partieron hacia Santo Domingo desde la Isla de Ratones (Joyuda, Cabo Rojo) en una canoa provista por Pedro de Segarra.

Cerca de la Isla de Mona, fueron interceptados por una balandra corsaria francesa. Al ser tomados prisioneros y entregados a las autoridades españolas en San Juan, Rafael protagonizó un acto de desesperación y astucia: intentó pedir santuario agarrándose al cerrojo de la Ermita de la Concepción, muy cerca de La Fortaleza, llegando a forcejear con dos cabos para evitar ser llevado ante el gobernador. Fue engrillado en el Morro, acusado de instigar la rebelión.

4. Las víctimas y los dobles juegos: Los Segarra

La familia Segarra, ligada a los González de Mirabal y otras familias influyentes de San Germán, se vio envuelta en las vicisitudes.

  • María Verdugo Segarra: Esposa de Sebastián González de Mirabal. Padeció la confiscación de sus bienes dotales y la reducción a la limosna por la participación de su esposo e hijo, un testimonio conmovedor de las consecuencias personales de la política.

  • Pedro Segarra: Hermano de María, fue Alcalde Ordinario y, aunque lideró un grupo para reemplazar a los milicianos rebeldes, suministró las canoas para la expedición de Rafael Santiago Pagán a Santo Domingo. ¿Estaba jugando en ambos bandos, o simplemente fue coaccionado, como alegó ante el gobernador?

  • Juan Segarra: Hermano de María. Había sido despojado de su cargo de cabo militar y capitán del puerto de Cabo Rojo. Rechazó airadamente el intento del gobernador de reinstalarlo sin antes restituir sus títulos y honores, una muestra de su orgullo inquebrantable, y desafío del poder central, aun cuando el gobernador era arbitrario y poderoso. 

5. El Desafío Abierto: Cristóbal de Lugo

Capitán de la milicia, Cristóbal de Lugo fue clave, siendo uno de los redactores del memorial a la Audiencia de Santo Domingo y un instigador activo, a pesar de alegar constantemente "achaques" y enfermedad para no acudir a San Juan a pesar de las ordenes del gobernador para que le proveyera información en persona.

Cuando el gobernador finalmente ordenó su arresto, Cristóbal, bajo el cuido del miliciano Juan Felipe Pagán, se armó de su espadín e insignia. Al llegar al Río Culebrinas, le declaró a Juan Felipe que "Prefiero perder mi vida que ir a San Juan." Desenvainó su espada, amenazó a Juan Felipe y se fugó con otros milicianos, su destino final incierto. 


Una Perspectiva Detallada

El estudio de estos legajos del Archivo General de Indias nos ofrece más que fechas; nos brinda detalles íntimos, las relaciones de parentesco que unían a los líderes y la compleja red de lealtades y resentimientos que definieron la vida en la Villa de San Germán. Esperamos que esta inmersión en las historias personales de 1711 haya arrojado un poco de luz sobre este fascinante y vital capítulo de la historia puertorriqueña.

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domingo, 31 de agosto de 2025

Una probanza de soltería en Peñuelas: el caso de Antonio Pérez Villamil y Perpetua Amalia Sierra

Por Kevin Villamil Rosado

Entre los documentos más valiosos para la investigación genealógica en Puerto Rico se encuentran las probanza de soltería, diligencias eclesiásticas necesarias para acreditar que un pretendiente al matrimonio estaba libre de impedimentos canónicos y civiles. En abril de 1861, en Peñuelas, encontramos un ejemplo fascinante: la probanza de Don Antonio Pérez-Villamil Fernández, natural del Puerto de Vega en Asturias, quien deseaba casarse con Doña Perpetua Amalia Sierra Pérez, hija de Don Juan Evangelista Sierra y Doña Francisca Pérez, vecinos de esta villa.

El origen de los novios

El expediente inicia con la certificación de bautismo de Perpetua Amalia, nacida en Peñuelas en abril de 1841. Por su parte, Antonio, inmigrante asturiano, debía demostrar que era católico, soltero y libre de impedimentos. Como no tenía consigo su partida de bautismo, recurrió al testimonio de varios paisanos suyos residentes en la isla.

Los testigos y su importancia

Tres asturianos —Nicolás Cancio, Domingo Álvarez y Beremundo García— declararon ante el párroco comisionado que conocían a Antonio desde su niñez en el Puerto de Vega, que lo habían visto bautizarse en la parroquia de Santa María y que nunca había estado casado ni profesado religión alguna. Sus testimonios no solo validaron el proceso matrimonial, sino que también nos revelan la existencia de redes de apoyo entre inmigrantes peninsularesestablecidos en Peñuelas y alrededores.

El contexto local

Además de los testigos, el expediente incluye las licencias del padre de la novia y del alcalde de Peñuelas, don Policarpio Echevarría, así como la aprobación final del Provisor y Vicario General en San Juan. Todo ello muestra la formalidad y el detalle con que la Iglesia y las autoridades coloniales vigilaban la legitimidad de los matrimonios.

Valor genealógico

Para el genealogista, este tipo de expediente es oro puro:

  • Confirma la filiación y el lugar de origen de los contrayentes.

  • Registra nombres de padres, padrinos y testigos.

  • Refleja la movilidad de los asturianos hacia Puerto Rico y su integración en familias locales como los Sierra y Pérez.

  • Nos permite vislumbrar cómo, más allá de los nombres, existían comunidades trasatlánticas que se apoyaban entre sí en momentos clave de la vida.

Conclusión

La probanza de soltería de Antonio Pérez Villamil y Perpetua Amalia Sierra nos recuerda que cada matrimonio no era solo un acto de fe y compromiso, sino también un procedimiento legal y social que dejaba huellas documentales. Para sus descendientes y para quienes estudian la historia de la emigración asturiana a Puerto Rico, este expediente de 1861 es una pieza fundamental que enlaza genealogía, migración y vida comunitaria en el siglo XIX.

Fuente:

  • Archivo Historico Arquidiocesano de San Juan, Justicia, Certificaciones, Peñuelas, Caja J-180

viernes, 29 de agosto de 2025

El legado de Don José Colomé: genealogía y vida cotidiana en Lajas, 1844

Por César A. Zapata Lozada

En los archivos históricos, los testamentos son ventanas privilegiadas al pasado. Tal es el caso del expediente testamentario de Don José Colomé, vecino de San Germán (Lajas) y natural de Mataró, Cataluña, fechado en 1844. Este documento, conservado en el Archivo General de Puerto Rico, nos ofrece no solo información genealógica, sino también un retrato vivo de la economía, la sociedad y la vida familiar en el suroeste de Puerto Rico durante el siglo XIX.

Orígenes y familia

Don José Colomé llegó desde Cataluña a Puerto Rico, donde contrajo matrimonio con Doña Damiana del Toro, integrante de una familia con presencia en Cabo Rojo y Lajas. De esta unión nacieron seis hijos:

  • María de los Reyes (1816)
  • José Francisco (1817)
  • María Teresa (1819)
  • María Consolación (1821)
  • Juan José y Juan Ángel (1823, gemelos)

Los bautismos de todos los hijos se encuentran registrados en las parroquias de Cabo Rojo y Lajas, confirmando la movilidad de la familia entre estas jurisdicciones y su inserción en las redes locales de compadrazgo. Entre los padrinos aparecen miembros de las familias del Toro, Lugo y Zapata, lo que refuerza los lazos sociales y familiares entre estas estirpes del suroeste de la isla.

Bienes y patrimonio

El inventario de bienes levantado tras la muerte de Colomé detalla con precisión el patrimonio familiar:

  • Casa principal en los Llanos (madera y tejas).
  • Tierras agrícolas con café, plátanos, pastos y terrenos vírgenes en distintas zonas de San Germán y Sabana Enea.
  • Ganado y bestias, incluyendo caballos, yeguas y más de treinta vacas, valorados en más de 900 pesos.
  • Tres personas esclavizadas, con valoraciones que oscilaban entre 25 y 250 pesos, lo que revela el peso de la esclavitud como parte del capital familiar en la economía rural.

El total del patrimonio ascendía a más de 2,600 pesos, una cifra considerable para la época, lo que muestra que Colomé alcanzó una posición económica sólida dentro de la sociedad local.

Distribución de la herencia

La herencia se dividió entre la viuda y los hijos. Damiana del Toro recibió la mitad de los bienes como lo dictaba el régimen matrimonial de la época, mientras que los hijos recibieron partes proporcionales. Documentos posteriores incluyen firmas de Juan José y Juan Ángel Colomé, lo que permite identificar con certeza a miembros de la siguiente generación.

Valor genealógico e histórico

Este expediente es un ejemplo claro del doble valor de los documentos notariales y judiciales:

  1. Genealógico: confirman filiaciones, matrimonios, descendencia y vínculos de compadrazgo.
  2. Histórico-social: muestran cómo se estructuraba la vida económica de las familias, desde la agricultura y ganadería hasta la presencia de la esclavitud como parte del patrimonio.

Además, permiten observar la transición de un inmigrante europeo como José Colomé, que llegó a integrarse y fundar un linaje en Puerto Rico, dejando huellas documentales que hoy resultan clave para sus descendientes.

Reflexión final

El testamento de Don José Colomé es más que una lista de bienes y mandas piadosas: es el relato de un hombre que, viniendo de Cataluña, echó raíces en Lajas y contribuyó al tejido económico y social del suroeste de Puerto Rico. Sus descendientes —a través de los Colomé, del Toro, Lugo, Zapata y otros— encuentran en este expediente no solo datos fríos, sino también una historia de migración, familia, fe y trabajo que ayuda a comprender cómo se construyeron las comunidades de la región.

Fuente:

  • Archivo General de Puerto Rico, Fondo Judicial de San Germán, Caja 53. Testamentaria de don José Colomé.

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domingo, 19 de enero de 2025

Nuevos hallazgos sobre los ancestros de don Ángel Sierra (1778-1867)

Por César A. Zapata Lozada

En mis artículos anteriores sobre don Ángel Sierra, profundicé en los detalles de su vida en Peñuelas, sus descendientes y su procedencia. Como mencioné, don Ángel, o Angelo Fidelis Serra, nació en Valletta, Malta, y fue bautizado el 28 de agosto de 1778. Encontré su registro de bautismo en los archivos parroquiales digitales de la iglesia St. Dominic de Valletta en Malta (Archivo Parroquial St. Dominic de Valletta, Libro de Bautismos 11, folio 298). Basándonos en su acta de defunción, descubrimos que sus padres fueron Antonio y Fortunata Portelli. La referencia a que don Ángel era originario de Malta proviene del testamento de su esposa, doña María Eugenia Planas, y de su propio testamento.

Al estudiar los archivos parroquiales de Malta, también encontré el registro de matrimonio de los padres de don Ángel, Antonio y Fortunata, quienes se casaron en Cospicua, Malta, el 9 de febrero de 1763 (Archivo Parroquial Inmaculada Concepción de Cospicua, Libro de Matrimonios 5, folio 100v). A partir de esta acta de matrimonio, pude averiguar quiénes eran los padres de Antonio y Fortunata. Fortunata provenía de una familia muy antigua de Malta, los Portelli, y era hija de Josephi Portelli y María Schembri, otra familia de gran antigüedad en Malta. Por otro lado, descubrimos que Antonio Serra era natural de Dipignano, en la provincia de Cosenza, en la región de Calabria, en el sur de Italia, y que sus padres eran Josephi Serra y Caterina. 

Dipignano, Italia

Nunca imaginé que sería posible seguir encontrando ancestros de don Ángel. Sin embargo, gracias a otro descendiente de don Ángel, Carlos Sierra, logramos descubrir más información en Dipignano. Carlos encontró unas fuentes digitales que contienen el censo de 1745 de Dipignano. En este censo, encontramos a Antonio junto a sus padres, Josephi y Caterina. Lo interesante es que también aparece la madre de Josephi, quien era viuda, y se menciona el padre de Josephi. Los padres de Josephi eran Francesco Serra y Antonia Bruna. Además, el censo revela el apellido de Caterina, que era Plantedi.

El censo revela que Josephi, un vendedor de calderas de cobre, residía en Dipignano, una localidad con una larga tradición en el trabajo de este metal desde el siglo XIV. Esta conexión sugiere que Josephi probablemente comercializaba productos elaborados localmente. Junto con su familia, habitaba una vivienda alquilada a Damiano di Lorenzo en el barrio de Brunetta, pagando un alquiler anual de 20 carlini, una antigua moneda napolitana.

He tratado de traducir lo mejor que he podido el censo de 1745. A continuación lo que pude traducir:

  • Giuseppe Serra hijo de Francesco, vendedor de calderas (nota: deben ser calderas de cobre ya que Dipignano es reconocido por eso), 25 años
  • Caterina Plantedi, esposa, 26 años
  • Rosa, hija, 4 años
  • Antonio, hijo, 2 años
  • Gennajo, hijo lactante 
  • Antonia Bruno, madre viuda, 60 años
  • Cintia, huérfana de padre fallecido

Gesta de Giuseppe (debe ser trabajo o propiedades de Giuseppe)

  • Industria de Giuseppe - 14 onzas
  • Habita en una casa alquilada situada en el barrio de Brunetta, junto a la casa de Damiano di Lorenzo. (No se lo que dice la próxima palabra)
  • Posee en el lugar de la javola(?) un casta(?), junto a las propiedades del rev. D. Nicolo Serra, habilita la venta y los treinta carlines anuales.  - 10 onzas
  • Mas propiedad de un burro, habilita la venta de 20 carlines 
  • Son 27 onzas y 10 granos (creo que esto debe ser el impuesto a pagar o su capital)



Basado en esto ahora sabemos que los bisabuelos de don Ángel Sierra, fueron Francesco Serra (cir. 1685 - antes 1745) y Antonia Bruno (cir. 1685 - después 1745). 

Quiero agradecer a Carlos Sierra por encontrar el censo y compartirlo conmigo. Seguiremos estudiando estos documentos para ver que más podemos encontrar. 

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