Quien investiga en archivos parroquiales y notariales termina enfrentándose al mismo obstáculo: el documento está delante, el escribano lo escribió en español, y aun así no se puede leer. Después de más de veinticinco años consultando archivos, sé que ese momento no desaparece con la práctica. Se vuelve más llevadero, pero cada documento nuevo trae su propio reto.
¿Qué son la paleografía y la diplomática?
La paleografía estudia la escritura antigua: cómo se formaban las letras, qué abreviaturas se usaban y cómo leer y fechar un texto manuscrito. La diplomática estudia el documento como pieza: su estructura, sus fórmulas, quién lo emitió, para qué y de qué tipo es (un testamento, un poder, una venta, una partida de bautismo). La primera nos ayuda a leer lo que dice; la segunda, a entender qué estamos leyendo y por qué está redactado así.
Por qué cuesta tanto leer un texto del siglo XVI
- La letra. Los escribanos usaban tipos de letra que cambiaron con el tiempo (cortesana, procesal, encadenada, entre otras), y cada mano tenía sus particularidades. Las letras se enlazan, y algunas, como la «s» larga, se parecen a otras de hoy.
- Las abreviaturas. El papel era caro y el tiempo, limitado. Así que «que» se convierte en una «q», «dicho» en «dho», y nombres como Cristóbal se escribían con la letra griega X (Xtobal).
- La ortografía sin norma fija. La misma palabra podía escribirse de varias maneras, incluso en el mismo documento: vezino y vecino, escrivano y escribano, dixo y dijo, fijo e hijo.
- Los espacios y la puntuación. Hay palabras pegadas (deste, dela), otras partidas, casi ningún punto, y mayúsculas que no siguen regla alguna.
- El estado del papel. La tinta ferrogálica corroe, la humedad borra, y las polillas y los dobleces hacen el resto.
- Las fórmulas jurídicas. Son frases largas y repetidas que hay que reconocer para no perderse.
Del texto libre a la norma
La Real Academia Española publicó su primera Ortografía en 1741, y las ediciones posteriores fueron reduciendo la variación. Su norma se fue imponiendo poco a poco, sobre todo en la enseñanza a partir del siglo XIX. Por eso un documento de 1820 se parece más al español de hoy que uno de 1580, aunque todavía guarda diferencias. Para el lector, el cambio es gradual: lo que sirve para descifrar una época no siempre sirve para otra.
Por qué escribí la aplicación
Escribí Scriptorium Antillarum para ayudar a entender esos textos. No sustituye al paleógrafo ni pretende hacerlo. Lo que hace es dar una primera lectura a quien no puede, o no tiene tiempo de, descifrar cada palabra.
Funciona en cuatro pasos:
- Transcripción paleográfica. Lo que la herramienta cree que dice el original, tal como está escrito, con sus abreviaturas y su ortografía.
- Texto normalizado. El mismo texto pasado al alfabeto del español actual.
- Lectura actual. El texto presentado como se leería hoy.
- Análisis del documento. Identifica el tipo de documento que está leyendo, por ejemplo, una partida de bautismo o un testamento.
Ejemplo
A continuación, un ejemplo que utiliza un documento de 1513 para demostrar como funciona la aplicación. Se subió la imagen de abajo y la aplicación la transcribió a lenguaje actual.
Lo que no hace
La aplicación no es perfecta. Se equivoca con las escrituras difíciles, con el papel dañado, con imágenes borrosas y con las abreviaturas que pueden significar más de una cosa. Su resultado es un punto de partida: siempre hay que cotejarlo con el original, y las palabras dudosas merecen una segunda mirada. En mi experiencia, aun con sus errores, un borrador legible ahorra mucho tiempo.
Pruébala
Scriptorium Antillarum está en transcriptionpaleography.lovable.app.
Más información sobre paleografía y diplomática:





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